Sin ruptura formal, la Vicepresidenta aumenta la gestualidad de alejamiento y los resultados de Petro y Boric alimentan sus expectativas para 2023.
En el universo de la política las casualidades no existen. En conversaciones más discretas, la dirigencia kirchnerista reconoce que los planes políticos de CFK han levantado vuelo electoral. Los movimientos de la Vicepresidenta dan cada vez más cuenta de ello. Cristina está muy entusiasmada con los triunfos del izquierdista Gabriel Boric, en Chile, y mucho más con la victoria de Gustavo Petro en Colombia, quien acaba de obtener la presidencia en el ballotage del último domingo representando también a un frente de izquierda. Se trata del primer exguerrillero que llega al poder en ese país que sufrió la muerte de más de 260.000 personas en seis décadas.
Además del intento de despegarse de la gestión de Alberto Fernández y del naufragio económico del ministro Martín Guzmán, Cristina ha comenzado a definir un plan de salvación individual que le permita incluso competir por la presidencia.
Si Lula triunfa en las elecciones del Brasil el próximo 2 de octubre, o en la segunda vuelta del 30 de octubre, la exmandataria cree que podría avanzar hacia una tercera candidatura presidencial. El giro hacia la izquierda de la región envalentona a la Vicepresidenta quien ha decido confrontar con la principal base de sustentación de Alberto: el Movimiento Evita.
Para quienes alientan el proyecto “Cristina presidenta”, el discurso del 3 de junio pasado durante la celebración de los 100 años de YPF constituyó una suerte de lanzamiento anticipado. Y el acto del lunes último en la sede de la CTA fue la continuidad. Ayer incluso el intendente de Pehuajó, Pablo Zurro, salió con los tapones de punta a recordar el pasado menemista del Chino Navarro.
“Cristina desarrolló un modelo socio económico de país y una ubicación geopolítica en el mundo; el plan es que ella vuelva a tener la lapicera que Alberto no se atrevió a usar”, explican.
Todas las especulaciones hasta el momento indicaban que Cristina a través de Máximo Kirchner y del grupo La Cámpora era refugiarse en la provincia de Buenos Aires y hasta que podrían darle al socio Sergio Massa, la posibilidad de pelear por la Casa Rosada.
Frente a la percepción de una derrota segura en el orden nacional, la titular del Senado impulsó la ruptura del bloque que lidera su hijo con el Frente de Todos en la Cámara de Diputados y el proyecto de retener la gobernación bonaerense mediante la reelección de Axel Kicillof. Tal vez por ello es que Massa aceleró amagues de ruptura tras el fin de semana largo. ¿Habrá olfateado que Cristina jugaba para la propia tras el acto de la CTA?
