Mientras el Gobierno presenta el ajuste del régimen cambiario y un plan para recomponer reservas del Banco Central como una señal de mayor flexibilidad y orden económico, dirigentes de oposición y analistas del mercado advierten que las medidas no abordan los problemas estructurales, son insuficientes y pueden generar efectos adversos sobre la estabilidad económica.
El anuncio del Banco Central de ajustar las bandas cambiarias de acuerdo con la inflación y de poner en marcha un programa de acumulación de reservas internacionales a partir de enero de 2026 generó fuertes cuestionamientos desde distintos sectores de la oposición política y del ámbito económico. El Gobierno defendió las medidas como una forma de dar mayor previsibilidad y recomponer el stock de divisas, pero las críticas apuntaron a la viabilidad, eficacia y efectos sobre el tipo de cambio y la inflación.
Entre los analistas del mercado resultados de encuestas y operadores coincidieron en que el esquema previo “hindered the build-up of hard currency reserves” —es decir, dificultó la acumulación de reservas necesarias para el pago de deudas e importaciones— y que la modificación anunciada puede no ser suficiente para satisfacer las dudas de los inversores sobre la credibilidad y eficacia del régimen cambiario.
Consultoras y economistas que no forman parte del oficialismo fueron más duros al describir las limitaciones del esquema. Gabriel Caamaño, de la consultora Outlier, advirtió que las modificaciones “probablemente no sean suficientes para satisfacer todas las dudas de los inversores sobre el régimen”, en alusión a la necesidad de un tipo de cambio más flexible y mayor acumulación de reservas que la que prevé el Gobierno.
Para analistas del mercado, uno de los problemas centrales del plan oficial es que el ajuste de las bandas por inflación no elimina el atraso real del peso ni despeja la incertidumbre sobre su trayectoria. Caamaño explicó que el nuevo esquema solo “ayudaría algo” a evitar un fortalecimiento excesivo de la moneda pero que no resolvería las preocupaciones sobre su sostenibilidad.
La oposición política también recogió estas preocupaciones técnicas en sus críticas públicas. Algunos dirigentes señalaron que el ajuste por inflación no es suficiente frente a una economía que aún muestra tensiones cambiarias e interrogantes sobre el frente externo. Desde sectores contrarios al Gobierno advirtieron que, si bien la estrategia de bandas pretende dar señales de orden, no existe una propuesta clara para enfrentar la escasez de reservas y garantizar la solvencia internacional del país.
Además, analistas del mercado señalaron que el plan podría no cumplir con las metas de reservas establecidas anteriormente con el Fondo Monetario Internacional y que la persistencia de controles cambiarios, incluso con un ajuste inflacionario de las bandas, podría limitar la acumulación real de activos externos.
Un último punto de crítica fue el momento en que se anunciaron las medidas. Sectores de la oposición señalaron que llegaron después de una corrida cambiaria y de un periodo de incertidumbre que acumuló tensiones en el mercado financiero, lo que debilitó la posición negociadora del Gobierno frente a acreedores internacionales y potenciales inversores.
En síntesis, las críticas se concentraron en que las medidas anunciadas por el Banco Central y el Gobierno aparecen como parches sobre un esquema que, para muchos economistas y dirigentes de oposición, sigue sin ofrecer una salida clara a la escasez de reservas y a la inflexibilidad del tipo de cambio. Las voces disidentes reclaman avanzar hacia un régimen más abierto y señales más contundentes sobre la acumulación de divisas como condición para fortalecer la economía en el mediano plazo.
