El embajador argentino en el Vaticano hace cinco años se mostró como un equilibrista entre la relación de la Iglesia y el kirchnerismo. Distancia con Bergoglio y apuesta por Sandri. ¿Cómo se acomodará en la nueva etapa?
Se caracteriza por ser un hombre de diálogo, con muy bajo perfil mediático y de filosas definiciones políticas atadas rigurosamente al poder central. Por todo esto y por mucho más, Juan Pablo Cafiero ya lleva más de cinco años como embajador argentino en el Vaticano y durante ese tiempo logró frenar épocas muy turbulentas de la tensa relación que tuvo la Iglesia con los Kirchner, al punto de mostrarse como un verdadero equilibrista entre la diplomacia eclesiástica y el poder argentino.
De familia católica y heredero de una astuta muñeca política de parte de su padre Antonio, el embajador argentino ante la Santa Sede supo tejer en silencio desde que llegó a Roma en 2008 fuertes lazos con los hombres más cercanos al papa Benedicto XVI. Entre algunos de éstos figura el camarlengo de Joseph Ratzinger, Tarcisio Bertone, y el cardenal argentino Leonardo Sandri.
Precisamente fue de la mano de estos hombres poderosos del Vaticano que Cafiero tendió un puente que estaba roto entre los Kirchner y la cúpula de la Iglesia. Es que el embajador argentino llegó a Italia cuando el vínculo de Cristina y de Néstor Kirchner con la Iglesia pasaba por su peor momento: el presidente no concurría a los tedeum, la Casa Rosada impulsaba el matrimonio igualitario, se había producido un choque con el entonces vicario castrense monseñor Antonio Baseotto y la Santa Sede había rechazado la designación de Alberto Iribarne como candidato en la embajada por estar divorciado.
Cafiero usó la postura antiabortista de la Presidenta para acercar lazos con la Iglesia, atenuó el escándalo de Baseotto y no sólo eso: en 2009 logró concretar una visita de Cristina al Papa para conmemorar los 25 años de la mediación papal por el conflicto con Chile por el canal de Beagle.
Para ese entonces Cafiero ya había aprendido bastante de la diplomacia vaticanista y sumó sus conocimientos de la política local para mantenerse como el gran equilibrista en las sombras.
Paradójicamente, los lazos que usó Cafiero para afianzarse con el Vaticano lo distanciaron de Bergoglio por sus diferencias con la Casa Rosada. Su trato frío con el papa Francisco nunca lo escondió. En febrero de este año, Cafiero reconoció que carecía de contacto con el entonces cardenal argentino. Además, había apostado al todo porque Sandri sea elegido Papa.
En las últimas horas, Cafiero tuvo que retroceder sobre sus pasos en varios aspectos. No sólo recibió órdenes de no dar más entrevistas a medios críticos tras hablar con Clarín. También calificó de "positiva para el país" la designación de Bergoglio y trató de moderar las críticas de algunos kirchneristas hacia el papa Francisco por su accionar en la dictadura.
Tras la renuncia de Ratzinger, Cafiero habría deslizado a sus amigos los deseos de retornar a Buenos Aires. Quizá los nuevos tiempos del Vaticano y de la relación que Cristina encare con el Papa indiquen también la necesidad de buscar un cambio en la embajada argentina. Algo de esto se deslizó ayer en la Cancillería. Quizá la Presidenta acceda a sacrificar a un equilibrista para apostar por un hombre alineado con la ortodoxia de la nueva conducción eclesiástica.
"Juampi siempre ejerció la mesura y el bajo perfil para alinear al Gobierno con la Iglesia sin perder ni disentir en nada con el rumbo del modelo kirchnerista", confió un hombre que lo conoce de sus épocas de diputado.
Llegó a la banca en 1989, tras militar en la juventud del PJ bonaerense. Un año más tarde, se desvinculó del peronismo para formar el Grupo de los 8, junto con Carlos "Chacho" Álvarez. Ambos fundaron el Frente Grande y luego el Frepaso. En marzo de 2001 fue designado ministro de Desarrollo Social por De la Rúa, pero no duró mucho en el poder por sus diferencias con el presidente. Hacia 2003, adhirió al kirchnerismo y fue designado ministro de Justicia bonaerense. Estuvo allí hasta 2005 y luego pasó al destierro hasta que fue convocado por la Presidenta para ocupar la embajada en el Vaticano.
Fuente: La Nación
