Se han denunciado grandes irregularidades en las obras de construcción que florecen a lo largo y ancho del centro de Quilmes. En la plaza de Conesa, sobre la calle Olavaria, sobre San Martín, próximamente en Videla, etc., las torres continúan.
A su vez se han tomado fotografías que testimonian algo que el vecino puede notar a simple vista y el sentido común permite certificar. Los obreros de la construcción, muchos de ellos inmigrantes, muchas veces han afrontado una realidad de desprotección y precariedad que los expone a tareas riesgosas como en los tiempos en que no existía la legislación del trabajo.
Quilmes estaría reflejando esa situación con sus famosos edificios que no cesan de asomar. Una imagen muestra a un obrero sin casco, sin guantes ni zapatos de seguridad.
Miembros de grupos vecinales han planteado a funcionarios del actual gobierno, abiertamente, que si hay “algún pez gordo” lo digan “y vamos todos”, pero las ordenanzas y sobre todo la cultura permisiva, los años de engranaje para destrabar frenos legales, parecen lo suficientemente difícil de desterrar como para depender la voluntad de una sola persona en un escritorio.
Lo cierto es que los camiones atmosféricos con bombas de extracción continúan con su trabajo en áreas céntricas castigadas por el colapso de las cloacas, desagües pluviales y napas freáticas.
Se trata de lugares más bien elegantes donde la gente se da cita en bares y restaurantes, y donde también existen salones de fiestas infantiles, que quedan a merced del colapso de los servicios.

