El sindicalismo peronista se prepara para una renovación en diciembre, con la salida de dirigentes alineados con Cristina Fernández de Kirchner y una CGT decidida a recuperar influencia en la política. Con el respaldo de Axel Kicillof y en un contexto de interna peronista, el movimiento obrero busca fortalecer su representación legislativa y marcar distancia de La Cámpora.
En diciembre finalizan sus mandatos cuatro diputados sindicales con fuerte alineación kirchnerista: Sergio Palazzo (La Bancaria), Vanesa Siley (Judiciales y La Cámpora), Hugo Yasky (CTA de los Trabajadores) y Pablo Carro (exsecretario general de los universitarios cordobeses). De los actuales legisladores gremiales en el bloque de Unión por la Patria (UP), solo Mario Manrique (SMATA) y Carlos Cisneros (La Bancaria) seguirán en sus bancas hasta 2027.
La posible reelección de estos dirigentes dependerá de la lapicera de CFK, pero la CGT ya se mueve para disputar esos espacios. Palazzo, por ejemplo, anticipó su intención de continuar con su cargo empapelando Buenos Aires con afiches que anuncian «2025-2029».
La CGT y su reclamo de mayor representación
La central obrera pone sobre la mesa un dato clave: en 2023, el sindicalismo solo obtuvo cinco bancas en Diputados, el número más bajo desde el retorno a la democracia. En el Senado, directamente no hay presencia sindical y en la Legislatura bonaerense, de un total de 138 legisladores, apenas dos provienen del ámbito gremial.
Este retroceso llevó a la CGT a activar su estrategia para recuperar poder. Desde las 62 Organizaciones, un sector tradicionalmente vinculado al sindicalismo peronista, comenzaron a reclamar por el predominio kirchnerista en la representación sindical en el Congreso. Con la salida de Pablo Moyano del triunvirato cegetista, los sectores mayoritarios de la CGT -Los Gordos, los Independientes y los gremios cercanos a Luis Barrionuevo- buscan consolidar una posición propia, lejos del kirchnerismo.
Interna peronista y factor Kicillof
El gobernador Axel Kicillof se ha convertido en una figura clave en esta reconfiguración del sindicalismo. Dirigentes como Héctor Daer (Sanidad) y Andrés Rodríguez (UPCN) han fortalecido su relación con el mandatario bonaerense, cuyo ministro de Trabajo, Walter Correa, proviene de la CGT. En este escenario, algunos sectores gremiales ven una oportunidad en un posible quiebre entre Kicillof y Cristina Kirchner, lo que les permitiría disputar espacios en las listas legislativas.
La tensión quedó en evidencia en el acto de asunción de CFK como presidenta del PJ, donde la ausencia de la cúpula cegetista fue notoria. Solo participaron dirigentes de la Corriente Federal y SMATA, mientras que el resto marcó distancia.
En paralelo a la disputa interna del peronismo, un sector de la CGT liderado por Luis Barrionuevo avanza con la conformación de un partido político propio. La semana pasada, en Mar del Plata, se presentó oficialmente «Trabajar», con la presencia de más de 3.000 dirigentes y figuras clave como Roberto Fernández (UTA) y Juan Pablo Brey (Aeronavegantes). Otros referentes cegetistas como Daer, Rodríguez y Gerardo Martínez (UOCRA) enviaron representantes.
Este no es el primer intento del sindicalismo por ganar peso político. En 2022, distintos sectores de la CGT lanzaron el Movimiento Nacional Sindical Peronista en Obras Sanitarias, con el objetivo de recuperar protagonismo en la conformación de listas legislativas y contrarrestar la hegemonía kirchnerista en la representación gremial.
