La autoridad monetaria avanzó con cambios en las reglas para los bancos y envió una señal al mercado en medio de la negociación por financiamiento externo. Apuntó a reducir tensiones sobre tasas y reactivar el crédito.
El Banco Central aplicó una nueva modificación en las exigencias para las entidades financieras y dio una señal directa al sistema en un contexto marcado por el reciente entendimiento con el Fondo Monetario Internacional. La medida entró en vigencia este viernes y formó parte de una estrategia para reordenar la liquidez tras el endurecimiento monetario del año pasado.
La decisión surgió del directorio del organismo y quedó formalizada en la Comunicación A8423. Desde la entidad explicaron que el objetivo central fue otorgar mayor margen de maniobra a los bancos para administrar sus fondos en un escenario que mostró menor presión cambiaria.
El ajuste se produjo mientras el dólar registró una baja en el mercado mayorista y se ubicó en $1.358. En ese marco, el Gobierno buscó normalizar un esquema que había quedado tensionado durante la etapa de alta volatilidad previa a las elecciones.
Desde el Banco Central recordaron el contexto de aquellas medidas: «Entre julio y octubre de 2025, debieron adoptarse medidas en función de la caída de la demanda de dinero derivada del shock político previo a las elecciones. Estas disposiciones son un nuevo avance en el proceso de normalización de los encajes bancarios».
El paquete incluyó dos cambios concretos. Por un lado, el organismo permitió una mayor flexibilidad en la integración diaria de encajes. El nivel mínimo exigido se redujo de forma progresiva en los últimos meses y ahora amplió el margen operativo para las entidades. Esa herramienta buscó dar previsibilidad al sistema y limitar la volatilidad de las tasas de interés de corto plazo.
Por otro lado, la autoridad monetaria eliminó las restricciones sobre los plazos de los bonos que los bancos pueden utilizar como parte de sus encajes. Con esta modificación, amplió el universo de activos habilitados y facilitó su conversión en liquidez regulatoria.
Desde el organismo vincularon estas decisiones con el entendimiento técnico alcanzado con el Fondo. «Ambas medidas se enmarcan en el acuerdo técnico alcanzado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), anunciado ayer, correspondiente a la segunda revisión del programa vigente bajo el Acuerdo de Facilidades Extendidas para la República Argentina», señalaron.
En paralelo, en el mercado detectaron otro movimiento relevante. El Banco Central reactivó el corredor de pases activos al final de la jornada cambiaria. Esa herramienta había quedado fuera de uso en 2025 y su ausencia generó oscilaciones marcadas en las tasas más cortas una vez cerrado el mercado. Con su regreso, la entidad volvió a intervenir para fijar referencias en el costo del dinero a corto plazo.
El frente monetario ocupó un lugar central en el acuerdo con el FMI. El Gobierno asumió compromisos para contener la volatilidad financiera y fomentar la recuperación del crédito. Durante los primeros meses del año, los préstamos al sector privado mostraron caídas consecutivas y los bancos registraron un aumento en los niveles de mora.
En este escenario, la normalización de la liquidez apareció como uno de los ejes principales de la política del Banco Central para 2026. El organismo ya había anticipado este camino a fines del año pasado y planteó una estrategia gradual para recomponer el funcionamiento del sistema.
A la par, la autoridad monetaria sostuvo su objetivo de fortalecer reservas. Con las últimas compras informadas, acumuló cerca del 60% de la meta anual prevista, que apuntó a sumar al menos US$10.000 millones a lo largo del año.
