La estabilidad de la inflación depende de múltiples factores económicos y políticos, incluyendo la capacidad del gobierno para gestionar la política monetaria y fiscal de manera efectiva.
El segundo semestre del año ha comenzado oficialmente, un periodo en el que los gobiernos aguardan los resultados de los sacrificios que la sociedad ha realizado para poner en orden el caos heredado de la administración anterior.
El levantamiento del cepo
Inicialmente se afirmó que las inversiones llegarían si se aprobaba la Ley Bases, la cual implicaba aumentar en un 5000% los “grados de libertad” de Argentina. Sin embargo, en la práctica, esto no funcionó.
Empresas vinculadas a la minería y otros sectores con potencial para realizar grandes inversiones han comentado discretamente que la clave no radica tanto en el Régimen General de Inversiones (RIGI, que está en la Ley Bases), sino en la existencia de cierta estabilidad política y económica; algo casi imposible de lograr.
El segundo requisito es “liberar el cepo”. Es decir, permitir que las empresas tengan libertad para ingresar y retirar dinero. El Gobierno, particularmente Milei y Caputo, insisten en que aún no es posible y que primero deben fortalecer las reservas.
El problema es que con el cepo aumenta la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, y con esa brecha, los productores no liquidan sus exportaciones.
Las reservas rondan los 28 mil millones de dólares, pero según estudios privados, están negativas en 5000 millones.
El Gobierno culpó al mensajero y destituyó a Fernando Vilella, secretario de «bioeconomía» (Agricultura), quien era un técnico reconocido. En su lugar, nombraron a alguien que aporta “rosca” en el sector. Parece que ni siquiera las fuerzas del cielo son suficientes para equilibrar la oferta y la demanda.
La inflación
Milei asegura que la tiene controlada. De hecho, había mencionado anteriormente que los efectos de poner fin a la emisión recién se notarían a mediados del próximo año.
Según la lógica ortodoxa, la inflación es un fenómeno “siempre y en todo momento” de carácter monetario. Por lo tanto, ahora deberíamos estar experimentando el rezago inflacionario de la emisión de “13 puntos del PBI” realizada durante la campaña de Massa. Sin embargo, la inflación está actualmente contenida; no queda claro cómo se concilian ambas teorías.
El principal apoyo político en términos de opinión pública radica en que Milei prometió durante su campaña que reduciría la inflación y lo estaba logrando. Pasamos del 25% al 20%, 11%, 8%, y 4,2% en mayo. En junio hubo un leve repunte y llegó al 4,6%.
El Gobierno intenta comunicar que en realidad fue un rebote, que la inflación mayorista (que suele anticipar la inflación del mes siguiente) sigue controlada, que los alimentos tuvieron un aumento mínimo y que el incremento se debe principalmente al descongelamiento de las tarifas. Esto es cierto.
La gran pregunta es cómo interpretará la opinión pública esta situación y si es sostenible esta disminución, especialmente considerando las presiones sobre el tipo de cambio.
Esto es crucial porque hoy en día la inflación no solo domina la economía, sino también la política.
Desocupación, pobreza y salarios
Los salarios comienzan a recuperar parte de lo perdido, aunque se han consolidado en un nivel más bajo que el de diciembre pasado. Un ejemplo claro son las jubilaciones. Se ajustan por inflación y, aunque ya dejaron de perder valor, nunca recuperarán lo perdido durante el verano.
Según la mayoría de las encuestas de opinión, la inflación ha dejado de ser el principal problema para los argentinos. La desocupación y la pobreza han tomado su lugar. Esto afecta los sueldos: si tienes miedo de no encontrar trabajo, es difícil que te atrevas a pedir un aumento.
Desocupación, pobreza y salarios se convierten en los temas cruciales que Milei debe resolver. Las demandas están cambiando y el Gobierno no parece tener respuestas inmediatas para estos problemas, ya que su solución, basada en el mercado y la no intervención estatal, es a largo plazo. Otra luz amarilla.
La política
Como mencionamos en los puntos 2 y 3, la opinión pública es la clave. Podemos cuestionar las encuestas, pero son la única herramienta válida que los políticos tienen para tomar decisiones sobre el estado de ánimo social. En la medida en que las encuestas sigan mostrando expectativas favorables para el Gobierno, la oposición dialoguista tendrá que acompañar, y la oposición más dura tenderá a moderar sus críticas.
Milei cuenta con 38 diputados y 7 senadores, por lo que necesita necesariamente el apoyo de la oposición para poder gobernar.
Los que apoyan al Gobierno se dividen en 4 bloques:
– PRO
– UCR
– Hacemos Coalición Federal (Pichetto y compañía)
– Innovación Federal (compuesto por partidos provinciales que no tienen expectativas nacionales y cuyas economías dependen mucho de las transferencias del Ejecutivo nacional)
De estos bloques, tres apoyan al Gobierno por razones ideológicas, responsabilidad política o porque consideran que sus electores aún tienen expectativas de «cambio«. Estos legisladores representan en su mayoría a bases de votantes antikirchneristas. El cuarto bloque, compuesto por las provincias, basa su apoyo en la negociación por fondos públicos.
Si la opinión pública se mantiene estable, es probable que estos bloques continúen ofreciendo una oposición moderada o un apoyo crítico al Gobierno. Sin embargo, si hay un cambio en la opinión pública, podrían surgir problemas para el Gobierno en términos de apoyo legislativo.
Por eso, para Milei es crucial mantener la inflación bajo control, ya que esto es lo que lo mantiene en buena posición entre sus votantes «moderados«.
El factor Macri
A pesar de otros aliados circunstanciales, el PRO sigue siendo la principal base de apoyo político del Gobierno.
Sin embargo, esta alianza temporal está en peligro. Macri siente que no se cumplió con sus expectativas de apoyo en el primer semestre: no se formó una alianza parlamentaria sólida, no se le permitió ocupar roles clave en la gestión y no se restituyeron los fondos de coparticipación que le habían quitado a la Ciudad durante la gestión anterior. Además, no se le dio el papel que esperaba en el Pacto de Mayo.
El problema subyacente es que Macri percibe que a Milei le falta capacidad de gestión y, más allá del éxito en la reducción de la inflación y de compartir la dirección general del Gobierno, éste presenta deficiencias en varios aspectos. Macri no quiere quedar atrapado en esa situación. Aunque pueda ser liberal, claramente no es libertario.
Es crucial destacar que sin el apoyo del PRO, será muy difícil para Milei proyectar una imagen de gobernabilidad que asegure estabilidad política y atraiga inversiones.
La llegada de Sturzenegger
Anteriormente era un ministro sin ministerio. Ahora lo tiene. Sturzenegger llega a la gestión de Milei con el objetivo de llevar a cabo desregulaciones y reformas difíciles. La primera de ellas es la Ley Hojarasca, que busca eliminar más de 100 leyes vigentes que, según él, obstaculizan el libre funcionamiento del mercado.
Su incorporación enfrenta dos desafíos importantes. En primer lugar, su ministerio no tiene competencias claramente definidas y se superpone con áreas de otros ministerios. Será crucial ver cómo maneja esta situación.
En segundo lugar, muchas de las reformas propuestas necesitan ser aprobadas por el Congreso, lo que requiere acuerdos parlamentarios que actualmente están en una situación delicada y podría acercarse otro conflicto político.
Tercero, existe un conflicto de perspectivas entre Sturzenegger y Caputo. Mientras el primero defiende el libre mercado de manera radical, el segundo tiene posiciones más matizadas. De hecho, Caputo dejó el Banco Central durante la gestión de Macri debido a diferencias con el FMI sobre la intervención estatal en el mercado cambiario.
Sturzenegger es una figura de gran influencia que podría eclipsar al ministro actual. Los mercados suelen preocuparse ante la falta de claridad en el liderazgo.
