A pesar de la reunificación y de la nueva conducción del triunvirato de Schimdt, Daer y Acuña; Moyano, Barrionuevo y Caló son en la actualidad actores de peso, con influencia, y claves en el debate sindical sobre la concreció o no de la primera huelga de peso en el país contra Mauricio Macri.
Hace dos meses nació una nueva CGT. La dirige un Triunvirato liderado por Juan Carlos Schmidt (Dragado y Balizamiento), Héctor Daer (Sanidad) y Carlos Acuña (Estaciones de Servicio). Tres dirigentes cultores del bajo perfil, que comandan gremios chicos y hasta para muchos, desconocidos. Lejos están de los perfiles de gremialistas combativos (tanto en los hechos como en los actos) con considerable poder de fuego y poseedores de arcas de dinero formidables.
El trío son los “delfines” que consensuaron los miembros de la anterior y fragmentada central de los trabajadores: Hugo Moyano (Camioneros), Luis Barrionuevo (Gastronómicos) y Antonio Caló (UOM). Con perfiles distintos a los de sus sucesores, estos sindicalistas tienen una fuerte influencia en la nueva CGT. Sus hombres están repartidos en diversos cargos. Fueron claves en las últimas negociaciones vinculadas a decisión de realizarle o no el primer paro general contra Mauricio Macri.
Moyano ha sido, desde el comienzo de la "Era Cambiemos", el principal nexo entre las centrales obreras y el Gobierno. Fue el primer sindicalista que recibió el Presidente luego de ganar las elecciones. Posteriormente, mientras se organizaba la reunificación de la CGT, a travesaron algunos meses de cortocircuitos y faltazos. A fines de agosto volverían a hacer pública una reunión. En la actualidad siguen en conversaciones. Así como Néstor Kirchner, sabe que Moyano puede paralizarle el país y que es conveniente tenerlo de aliado. El camionero tomó distancia del paro general, “alguien decía: ni apresurados ni retardatarios. No los apuremos, no los presionemos, ellos saben cuándo tiene que hacer las cosas", sentenció en un programa de televisión.
Barrionuevo, uno de los sindicalistas más ligados a Sergio Massa, también mantiene línea directa con Casa Rosada aunque con una frecuencia menor a la de su colega camionero. Hace una semana declaró que “no es bueno parar” y optó por el diálogo y la negociación para exigirle “respuestas” al gobierno de Macri. Su hombre en la CGT, Acuña, se expresó en el mismo sentido. El líder del Frente Renovador, de igual manera, señaló que la medida de fuerza “no es el mejor camino”. Un actor importante, que oficia de nexo entre el gastronómico y el Presidente es Dante Caamaño. Hermano de Graciela, la diputada nacional massista esposa del histórico sindicalista. Para conmemorar el Día del Trabajador en el marco de la discusión y el veto a la Ley Anti-Despidos, Macri realizó un acto en la sede porteña de gestronómicos junto a él.
Caló, re-electo recientemente para estar cuatro años más al frente de la UOM, líder de la CGT que empatizó con el gobierno d Cristina Fernández de Kirchner y el sindicalista que más apoyó y escenificó el apoyo a Daniel Scioli en la última campaña presidencial no tiene diálogo con la actual gestión. Pero sí al interior de la CGT. Como sus pares Moyano y Barrionuevo, duda de la eficacia de un paro nacional. “¿Hacemos un paro y después qué?”, se interroga.
Los gremialistas de grandes gremios como Armando Cavalieri (Comercio), Andrés “Centauro” Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (UOCRA) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) también mantienen la postura dialoguista. Todos ellos son los que más dialogan con el Gobierno.
Del otro lado, los que prefieren un paro porque consideran insostenible la situación. Algunos son: Pablo Moyano, el hijo de Hugo, tercero en el escalafón de la nueva CGT y número dos de Camioneros. Víctor Santa María (Encargados de Edificios), Omar Plaini (Canillitas) y, en otro orden, las combativas CTA de Pablo Micheli y Hugo Yasky.
Dentro de dos semanas podría concretarse la decisión última de la CGT sobre si realizar un paro nacional o no. El Gobierno está negociando en la actualidad dos cuestiones que los sindicalistas consideran claves: Ganancias y un Bono de fin de año.
Frente al primer tema, al ser un impuesto coparticipable, las provincias no ven con buenos ojos su eliminación, incluso que se suba el mínimo no imponible. Ya se hizo a principios de año y significó una merma de $50 mil millones en las cuentas fiscales. De todos modos estarían dispuestos a aceptar la eximición del pago en el aguinaldo de fin de año pero pondrían como tope salarial $45.000. La CGT le achaca al macrismo que no estaría cumpliendo su promesa de campaña de derogar lo que algunos denominaron el “impuesto al trabajo”.
Respecto al bono, para el sector público vuelve a ser un tema de análisis financiero. Si Macri lo promulga, las provincias quedarían prácticamente obligadas a replicarlo por las presiones de sus municipales. Frente a esta situación, desde el Gobierno también se esbozó la idea de que el bono no sea para todos y todas, sino que beneficie a los jubilados que cobren la mínima y aquellos que cobran planes.En el sector privado, en muchos casos, lo prefieren. Es un pago, por única vez y no remunerativo. Reabrir la paritaria, como desean desde Comercio y la UOCRA, significaría destinar más recursos. Puede ser que prime el caso por caso. No es la misma situación la de un gremio que cerró paritarias recientemente que los que acordaron de manera semestral.
El Gobierno se muestra dialoguista y los sindicalistas van en el mismo sentido. Luego de las mesas que compartirán las tres partes (gobierno, sindicatos y empresarios), se sabrá si finalmente Macri recibirá su primer paro nacional en breve o no. En tanto, Moyano, Barrionuevo y Caló, seguirán siendo actores fundamentales del proceso, sin importar que decisión se tome finalmente.
