El oficialismo quedó con la llave del quórum, LLA cuestionó el “modo escribanía” y la UCR pidió convivencia. Los juramentos mezclaron peronismo clásico, críticas a Milei y gestos libertarios, en una sesión sin escándalos pero con mucha lectura política.
El salón Manuel Belgrano estalló de gente desde temprano. Funcionarios, militancia y familiares ocuparon cada rincón para presenciar el desembarco de los nuevos concejales. La expectativa no fue poca: el recambio definió una mayoría clara para Fuerza Patria y consolidó a La Libertad Avanza como la oposición más numerosa.
La ceremonia arrancó con la designación de las autoridades del cuerpo. Maximiliano Mazzanti quedó confirmado al frente del Concejo, respaldado por todos los bloques. Flavia Guardia obtuvo la vicepresidencia primera y Marcelo Bernasconi ocupó la vicepresidencia segunda, en una señal de consenso que sorprendió incluso a quienes esperaban una disputa más áspera. Guillermo Proh siguió como secretario.
Después llegó el turno de las juras y la postal cambió de tono. Cada edil dejó su marca política en pocas palabras. El oficialismo eligió mensajes de alto voltaje. Algunos apelaron a los derechos humanos, otros a consignas históricas y varios a críticas abiertas al gobierno nacional. Guardia lo expresó sin rodeos al comprometerse “por los trabajadores y especialmente por las mujeres que sufren en este gobierno nacional represor e injusto”. En las gradas se escuchó el clásico “con los trabajadores no se jode”.
También desfilaron dedicatorias que recorrieron todo el mapa simbólico del peronismo. Alcoba juró “por mi familia, Cañuelas, la discapacidad, las Madres de Plaza de Mayo, la Verdad, la Memoria y la Justicia”. Carolina Rasquetti subió con su hijo y juró “por los compañeros de Volveré y la justicia social”. Fernando Abdo recordó “a los 30 mil detenidos-desaparecidos”.
Del lado libertario, el clima fue más sobrio. Los concejales de LLA optaron por un “juro” seco, aunque Matías Delgado se permitió un gesto más teatral con un “sí, juro” frente al micrófono y el posterior “Libertad, libertad” de su bancada.
La escena incluyó algunos detalles inusuales. Bernasconi juró como autoridad pero no como concejal y el orden del procedimiento alteró el reglamento interno: las autoridades juraron antes de los ediles. Nadie reclamó, aunque quedó flotando cierta incomodidad.
El reparto de bancas dejó al oficialismo con un bloque robusto y con la llave del quórum. El nuevo equilibrio encendió alarmas en la oposición, que aprovechó los discursos para marcar territorio. Bautista Augusto, titular del bloque libertario, advirtió: “Nos preocupa que esta mayoría pueda convertir al Concejo en una simple escribanía del Ejecutivo municipal porque con esta mayoría pueden cerrar el debate cuando quieran”. También señaló que algunos trataban al recinto “como una sucursal de un partido y no el espacio donde se discute el futuro de nuestro distrito”.
La radical Claudia Pelereteguy acompañó esa línea. Planteó un pedido directo de respeto y expresó: “La pluralidad de voces es una riqueza, el debate respetuoso es la base de toda democracia sólida”. Desde el PRO, Darío Morena reclamó acceso al Boletín Oficial y al RAFAM y recordó que la gente esperaba respuestas sobre la economía cotidiana.
En el oficialismo, la voz más firme fue la de Sandra Cardozo. La presidenta del bloque sostuvo que su espacio logró “un triunfo histórico, más de 14 puntos de diferencia y victoria en todas las localidades”. Luego defendió la gestión municipal y apuntó a las obras paralizadas por el gobierno nacional. Mencionó la Escuela Secundaria Nº 11 de Máximo Paz y el proyecto de la Universidad de la Cuenca del Salado como ejemplos de decisiones que afectaron al distrito.
Mazzanti, ya instalado como presidente del cuerpo, buscó bajar tensiones. Agradeció el acompañamiento de todos los bloques y remarcó la importancia de “instituciones fuertes y transparentes”. Habló del valor del diálogo en tiempos complejos y cerró con una frase que sonó a gesto hacia toda la sala: “El ciudadano espera madurez y democracia”.
La sesión avanzó sin los escándalos que sacudieron otras legislaturas en las últimas semanas, aunque el cierre tuvo una escena incómoda. Cuando el acto llegaba a su fin, irrumpieron los gritos de familiares de Vanesa Garay, la mujer encontrada muerta en el Monte Mathieu hace unos años. Exigieron justicia y la policía intervino para ordenar la salida.
El Concejo, ya conformado, quedó listo para el nuevo período. Un oficialismo fortalecido, una oposición inquieta y un clima político que promete nuevas tensiones a medida que avance el año legislativo.

