Si bien en 2015 se sumó a la vida partidaria del PRO y eliminó su partido Unión por Todos, Bullrich mantiene una tropa dentro del propio oficialismo. La ministra representa a la mayoría de los puntos elegidos por Cambiemos para la reelección de Macri. Funcionarios de Seguridad quieren pelear por intendencias.
El laboratorio macrista empezó a probar una variante: que Patricia Bullrich sea la compañera de fórmula de Mauricio Macri. Si bien desde Casa Rosada todavía no tomaron ninguna definición al respecto, cada día le dan más espacio y visibilidad a la ministra de Seguridad. El viernes, el Presidente la recibió en Olivos para definir detalles sobre la campaña. Días atrás, el oficialismo le había permitido a su equipo jurídico meter mano en el decreto sobre la extinción de dominio.
Mientras se consolida como vocera en temas de seguridad y anticorrupción, los ejes elegidos desde la Rosada para eludir la pobre performance de la economía, Bullrich apunta a que su grupo también crezca dentro del Gobierno. Se entusiasma con la chance de sumar legisladores: actualmente cuenta con dos bancas en Diputados y dos en la Legislatura porteña. Y también apuesta a la posibilidad de colar al menos un intendente en el Conurbano. El que puntea la lista es el politólogo y funcionario del Ministerio de Seguridad, Matías Lobos, precandidato en San Martín.
“Tengo legitimidad para ser intendente. Estoy trabajando muy fuerte en el territorio: camino, pateo el barro y hablo con los vecinos desde hace mucho. Y obviamente quiero que gane Cambiemos”, afirma Lobos, quien ocupa la Subsecretaría de Control y Vigilancia de Fronteras.
En Capital, el principal referente de Bullrich es el subsecretario de Vinculación Ciudadana del Ministerio de Seguridad porteño, Juan Pablo Arenaza.
Tras su experiencia como ministra de Trabajo de la Alianza, incluido un coque- teo posterior con Ricardo López Murphy, Bullrich fundó un partido casi unipersonal en 2003. Lo llamó Unión por Todos (luego Unión por la Libertad). Entre 2007 y 2011 lo mantuvo asociado a la Coalición Cívica, hasta que se peleó con Elisa Carrió. Y el año pasado acordó su disolución e integración al PRO.
Ahora, pese a haber atado su suerte y la de su espacio al macrismo, pretende ganar espacios de poder. “Igual ella está muy tranquila. No se desvive por la vicepresidencia, no opera en los medios, ni extorsiona al Gobierno por cargos, como hace Lilita”, asegura un dirigente cercano a la ministra.
Su partido se integró al PRO. Tiene dos diputados y dos legisladores porteños.
