El Mundial de Brasil se jugó despúes de una guerra que devastó a Europa. La final se convirtió en el partido más legendario de los disputados y la épica uruguaya transformó la fiesta brasilera en una tragedia futbolera. El famoso «Maracanazo» que cambió la historia.
Brasil fue el único país que le propuso a la FIFA la realización del cuarto Mundial de fútbol, luego de la segunda guerra mundial. Con Europa en plena reconstrucción, la máxima entidad del deporte accedió a la solicitud y decidió continuar con la cita mundialista postergada por doce años a causa del conflicto bélico.
Argentina ausente en la competencia
La ausencia de Argentina también se produjo en Brasil 1950, a pesar de ser una de las selecciones favoritas a ganar el Mundial. Hubo dos motivos clave por los que decidió no participar de la competencia.
Un amistoso ante Brasil, jugado en febrero de 1946 en River, acabó en una batalla campal, hecho que debilitó la relación bilateral con el país vecino y anfitrión del Mundial. La otra cuestión importante fue política y se dice que Perón tuvo gran incidencia. A partir de la huelga de jugadores de 1948, hubo un éxodo de futbolistas que partieron al fútbol colombiano. Figuras de ese entonces como Pedernera, Pontoni, Rossi, Di Stéfano, entre otros nombres, se mudaron a tierras cafeteras a competir a una federación no afiliada a la FIFA en ese entonces, y por dicho motivo no iban a ser cedidos por los clubes a su selección. De esta manera el fútbol argentino quedó debilitado, el gobierno de turno temía un papelón futbolístico en la Copa, creyendo que esto dañaría su imagen política y se decidió la no asistencia.
Preparados para la fiesta
El Mundial de 1950 es la historia del peso de la derrota. Habían pasado doce años desde el último campeonato y era el primer encuentro del fútbol en un mundo que acababa de dejar atrás la Segunda Guerra Mundial y se instalaba en la Guerra Fría.
Brasil fue el país anfitrión. En tiempo récord de diez meses construyeron el mítico estadio Maracaná en Río de Janeiro, con capacidad para 150 mil espectadores. Cincuenta millones de habitantes se preparaban para la mayor fiesta deportiva. El 24 de junio fue el partido inaugural entre el local y México,
con una contundente victoria carioca por 4 a 0. Las apuestas lo daban como máximo favorito y Brasil llegó a ser finalista luego de ganarle a Yugoslavia, y gracias al sistema de puntos de entonces, un empate lo consagraba campeón de la copa del mundo por primera vez.
Maracanazo
Aquel 16 de julio, todas las condiciones estaban dadas. Uruguay se enfrentaba ante once jugadores potenciados por una hinchada de 250 mil personas, en un encuentro sin precedentes que se convirtió en el evento deportivo más concurrido de la historia hasta entonces. Son recordadas las palabras del capitán uruguayo Obdulio Varela –el negro jefe– ante el marco en las tribunas, reunió a sus compañeros y los arengó con su grito de guerra frente a la multitud brasilera: «Los de afuera son de palo». La motivación se haría notar en el campo de juego en la parte final.
Recién iniciado el segundo tiempo, Brasil ganaba uno a cero. La fiesta era completa pero la garra charrúa daba pelea y llegó el empate de Juan Alberto Schiaffino a los 22 minutos del complemento. Los nervios invadían las tribunas y la estocada final llegó a los 36 minutos, cuando Ghiggia marcó el 2 a 1 definitivo de aquel histórico ‘maracanazo’.
El último sobreviviente de la gesta celeste
Alcídes Ghiggia, dueño del segundo gol, el festejo celeste y quien jugó fútbol hasta los 42 años, falleció después de luchar contra el cáncer, justamente el día que su vida cambió para siempre. El 16 de julio de 2015, 65 años después de su gol, que es considerado la mayor gesta de la historia de los Mundiales.
Los apuntados y castigados por los hinchas
Moacir Barbosa Nascimento, fue uno de los grandes arqueros brasileños de esos años y figura del Vasco da Gama. El habilidoso jugador, reconocido por su grandes reflejos vivió y murió señalado como el principal responsable de la derrota de la verde amarelha. Otro de los apuntados fue Bigode, desbordado por Ghigghia en los dos goles. Se encerró por un par de años en su domicilio. Sólo salía para ir a entrenar. Se les suma Juvenal, pero este último por razones extra futbolísticas, el DT de Brasil, Flávio Costa y el plantel señalaron de irresponsable al zaguero baiano. La noche previa a la final, Juvenal, autorizado a salir, volvió a la concentración tarde y borracho. Venía del Dancing Avenida, un cabaret en el centro de Río. Mantuvo el puesto sólo porque el suplente, Nena, estaba lesionado.
La tragedia de la derrota
Ese día, cuando el país estaba preparado para celebrar el Carnaval pospuesto desde febrero, Brasil lloró la derrota más amarga de su vida. Todavía se recuerdan los suicidios, los hinchas llenos de rabia dispuestos a matar a los jugadores y a su técnico, y un pueblo que, con furia, tuvo certeza de que la ‘Tristeza no tem fim’.
Segundo gol de Uruguay convertido por Ghiggia. Marcaría la gran epopeya celeste para conquistar la Copa del Mundo de 1950 ante Brasil y en mismísmo estadio Maracaná.
Afiche recordatorio de la Asociación Uruguaya de Fútbol a los héroes del "Maracanazo".
Afiche del Mundial de 1950.
Alcides Ghiggia, símbolo de la selección campeona del Mundo en 1950, uno de los artífices del "Maracanazo". Falleció 65 años más tarde del mismo día de la gloria en Rio de Janeiro.
