Por Diego Avancini
Concejal de La Libertad Avanza Tigre
Barrios enteros bajo el agua y el barro, familias que perdieron todo y la angustia de no saber cuándo ni cómo se podrá salir adelante son imágenes que deben resonarnos como un cachetazo en la cara para hacernos reaccionar. Pero lo que más indigna es que lo ocurrido en Bahía Blanca pudo prevenirse, basta con recordar el informe de 2012 que ya alertaba de que esto iba a pasar… y lamentablemente pasó. Y con ello quedaron en evidencia años de desidia, de falta de planificación y de una política que, en lugar de adelantarse a los problemas, se especializa en lamentarlos con discursos grandilocuentes y promesas que, a la larga, terminan archivadas “hasta la próxima elección”.
No es la primera vez que Bahía Blanca sufre una inundación y seguramente tampoco será la última. La falta de obras pluviales, el crecimiento urbano desordenado y la ausencia de un plan integral de infraestructura han convertido a la ciudad en un territorio vulnerable cada vez que la naturaleza decide rugir (no hace mucho sufrió las consecuencias del paso de un tornado). En síntesis, los bahienses están pagando la consecuencia de décadas de omisiones.
No obstante, hay algo que todavía podemos hacer: APRENDER. Aprender, de una vez por todas, que los problemas estructurales no entienden de banderas políticas. Que la falta de inversión en infraestructura no distingue entre oficialismo y oposición. Que el agua no pregunta a quién votaste antes de llevarse todo lo que tenés. En síntesis, que la corrupción mata y sigue matando.
Estamos ante una situación de crisis, donde resulta imperativo que cada nivel del Estado asuma su responsabilidad. Desde el municipio, pasando por la provincia y hasta el gobierno nacional, nadie puede mirar al costado. Nadie puede hacerse el distraído y todos tienen que dejar de jugar al gran bonete, de echarle la culpa al otro para salvar la propia. En Bahía Blanca hay argentinos sufriendo, compatriotas que están viendo cómo su esfuerzo de años se va flotando en el agua sucia. No hay margen para la especulación ni para el oportunismo berreta.
Aquellos que ven en esta tragedia una oportunidad para meter su “discurso político”, dan asco. Ya sabemos cómo funciona “la rosca”: los que hasta ayer fueron oficialismo ahora se indignan en redes y rasgan las vestiduras, mientras que desde el oficialismo de turno algunos se apuran a justificar lo injustificable con las viejas excusas de siempre, las que utilizan unos y otros. La mierda política de siempre, esa que solo aparece en momentos como estos para señalar culpables en lugar de aportar soluciones. Una gran hijaputez, provenga de donde provenga.
A los argentinos nos gusta hablar de unidad cuando las papas queman. Bueno, esta es la oportunidad para demostrar que podemos hacer algo más que repetir slogans vacíos. La ayuda tiene que llegar rápido, sin distinciones, sin especulación electoral, sin intermediarios que buscan su propio beneficio. Acá no hay grieta que valga: hay una ciudad golpeada, gente en la calle, negocios destrozados, hogares arruinados.
Es momento de actuar con responsabilidad, con empatía y, sobre todo, con la madurez que la dirigencia política le debe a todos los argentinos. Lo de Bahía Blanca no es solo una inundación, es un espejo en el que tenemos que mirarnos como sociedad. ¿Vamos a aprender la lección?
