El director de la Fundación Pro-Tejer criticó el plan que analiza lanzar el gobierno para que las empresas se puedan “reconvertir” a través de créditos blandos. ¿Qué implica “reconvertirse”? En diálogo con “LaNoticiaWeb Radio”, Schale alertó que “el país tiene la presión impositiva más alta del mundo”.
El gobierno lanza un plan de “reconversión” productiva, que busca transformar a los sectores cuya existencia considera inviable en medio de un proceso de mayor apertura de la economía. Para ello, se destinarán créditos a las empresas que tengan esa potencialidad, pagará cursos de capacitación para que los trabajadores puedan pasar de una compañía a otra o cambiar de tareas, y, como última alternativa, abonará parte de las indemnizaciones en los casos en donde las empresas deban cerrar por la competencia extranjera.
“LaNoticiaWeb Radio” dialogó con Ariel Schale, exfuncionario nacional y provincial, y director de la Fundación Pro-Tejer, quien presentó sus reparos del plan, y criticó que la economía nacional se esté basando en la valorización financiera y no productiva.
¿Qué mirada tiene de este programa, que ayudaría a las empresas a reconvertirse o a pagar sueldos, con créditos blandos?
Reconvertirse es una acción bastante fuerte, porque implica que lo que se hace, no sirve. Empezamos con una visión equivocada. La industria nacional argentina, que ha sobrevivido a las diez plagas de Egipto entre tantos desaciertos económicos de los últimos 30 o 40 años…las que han quedado en pie, demuestran que no solamente sirven, sino que son hábiles para desarrollarse. La palabra reconversión en política industrial no es apropiada. Se habla de fortalecer, de poder expandirse, de tener una inserción internacional, de ser competitiva. Cuando se habla de reconvertir, pareciera que se trata de dar por sentado que lo que hay, no sirve. Lo que no sirve, uno estaría dispuesto a abandonar. Hay eslabones industriales en el país que, si se abandonan, repercute en las regiones con efectos irreparables. Esos puestos de trabajo son muy difíciles de reconvertir en otra cosa.
Está claro el término como algo negativo. Usted habla de fortalecimiento. ¿Esto implica con ayudar en el pago de indemnización o pago de sueldos en alguna especie de despidos? Que puedan ser empleados de otro tipo de características, o que la empresa cambie el rubro. ¿Cómo sería eso?
Y pareciera ser que se despliegan instrumentos sobre la realidad argentina tienen que ver con eso: facilitar el proceso de destrucción de la industria, más que de fortalecerlo. Cuando uno lanza un programa que financia al patrón para que destruya puestos de trabajo…estamos mal orientados. No va por ahí la cosa. No es necesario. Argentina tiene que tener un ambicioso plan de desarrollo industrial. Tenemos las condiciones. El problema no está dentro de las fábricas, sino afuera. Cuando el producto se tiene que vender en el mercado, empieza el tren fantasma de la competitividad sistémica nacional: Argentina tiene la presión impositiva más alta del mundo, el peor sistema financiero y subdesarrollado, tiene canales de comercialización con actores comerciales que quintuplican el valor de los costos.
Lavagna dijo que la actual fórmula de política económica ya se usó en la dictadura y en los 90, y fracasó. ¿Qué reflexión te merece?
Hay dos modelos. El de valorización financiera y el de valorización productiva. Cuando el crecimiento del producto o la generación de dinero, está basado en uno de los dos sistemas, eso caracteriza la economía. Hoy la plata en este país se hace a través de la valorización financiera. Es imposible hacerlo a través de la valorización productiva.
