El paso del tiempo suele enriquecer a los sabios e irritar a los necios. El peronismo fue el nombre que eligieron los marginados para ingresar a la historia, para volverse protagonistas. Como toda integración social de un sector no respetado, su ingreso tuvo logros pero también excesos. El golpe de Estado del 55 se hace en nombre de la democracia y la libertad, 18 años después va a retornar el peronismo al gobierno. Y todavía vivíamos una sociedad integrada y sin grandes injusticias sociales. Con la vuelta de Perón en el 73, la sociedad recibe un mensaje de unidad que es compartido por todos los dirigentes políticos. Desgraciadamente, la violencia de las minorías nos devuelve a una nueva dictadura ahora sí genocida.
Perón no fue el incitador de la violencia, solo durante la dictadura va a integrar un sector al peronismo y a convocarlos luego a ocupar importantes cargos en democracia. Es el último intento de evitar una confrontación que implicaba el suicidio de una generación. Un error de la guerrilla que todavía no es capaz de asumir su autocrítica.
Una violencia que nace la noche de “los bastones largos”, que es el momento de la destrucción de la universidad.
El peronismo fue un fenómeno cultural de los trabajadores y demás sectores nacionales, la presencia de una mirada original y distinta, tan desconocida como devaluada por las capas dirigentes. Y logró la sociedad más integrada del continente, que sobrevive hasta el 76. Martínez de Hoz, con el apoyo del genocidio, va a degradar y destruir lo logrado. Luego en los noventa, en nombre del supuesto mercado se habrá de completar el rumbo del atraso.
En su retorno, el General va a convocar a la unidad nacional acompañado de Balbín, Frondizi, y casi todos los dirigentes políticos. Así y todo, los violentos impusieron sus reglas, dañaron a la sociedad y fracasaron como propuesta. Algunos de la izquierda inventaron una supuesta teoría “de los dos demonios” a partir de la cual como los genocidas fueron nefastos la guerrilla no está obligada a hacer su autocrítica. El peronismo tuvo aportes importantes y errores, izquierdas y derechas se ocultaron bajo su recuerdo para desplegar sus proyectos. Lo peor de su herencia es que dejó una memoria de justicia que explotaron demasiados oportunistas para enriquecerse en su nombre.
El peronismo sembró una memoria popular que fue más usurpada que heredada por su mismo partido y terminó degradada por sus circunstanciales ocupantes.
Aquel 17 de Octubre el pueblo gestó a su líder, ocupó su plaza y marcó un final, después de ese día ya ningún argentino tendría que bajar la vista frente a un patrón o a un policía. Lo malo fue que los no peronistas no se ocuparon demasiado de organizar sus fuerzas partidarias, y terminó siendo el peronismo la única escuela política, salvador y culpable de causas propias y ajenas. El peronismo nació como una convocatoria a la política por un sector marginado; estamos a tiempo para gestar proyectos alternativos que respeten su nombre y superen sus limitaciones. Ya resulta imprescindible.
Algunos lo vivimos como un aporte, otros como una culpa, pero todos estamos obligados a dejar de negar el pasado para poder entrar juntos a una democracia con alternativas partidarias y respeto a las diferencia. Es lo que la sociedad hoy nos exige.
