La derrota de Fuerza Patria en Buenos Aires reactivó las tensiones internas del peronismo y dejó al gobernador en el centro de las críticas. Desde La Plata aseguran que no habrá marcha atrás con la estrategia de desdoblar la elección y apuntan contra el cristinismo por el armado nacional.
Axel Kicillof buscaba consolidar su liderazgo con una jugada que lo posicionara para 2027: separar la elección bonaerense, mostrar gestión y proyectarse como el nuevo referente del peronismo. Pero la derrota ante La Libertad Avanza pulverizó el blindaje político que había ganado en septiembre. El golpe fue inmediato: el peronismo bonaerense volvió a fracturarse y los pases de factura cruzaron los despachos antes de conocerse los resultados oficiales.
En el entorno de La Cámpora no disimularon la bronca. “Cristina tenía razón”, repetían mientras señalaban el desdoblamiento como el origen del desastre. Según esa lectura, la decisión de separar los comicios debilitó la estrategia nacional y desmovilizó a los intendentes. “Todo por un capricho”, se escuchó entre los dirigentes camporistas, convencidos de que el gobernador desoyó las advertencias de la expresidenta.
El kicillofismo, en cambio, defendió su decisión. En La Plata, donde se reunió el equipo más cercano al mandatario, el diagnóstico fue el opuesto. “Desdoblar fue una salvación, si no hoy estarían destrozados los municipios. Acá hay una estrategia que funcionó, que es la de septiembre, y otra que no, que fue la de octubre”, afirmaron fuentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF). Según ese sector, el error estuvo en la lista nacional que impulsó el cristinismo, sin figuras con peso territorial.
El malestar también alcanzó a Máximo Kirchner, señalado por haber dejado afuera a los intendentes del armado final. El caso de Fernando Gray, jefe comunal de Esteban Echeverría, se convirtió en ejemplo: participó del esquema de Kicillof en septiembre, pero compitió con su propio sello en octubre. Su lista, Unión Federal, obtuvo 78 mil votos, una cifra superior a la diferencia final entre Fuerza Patria y La Libertad Avanza en la provincia.
Desde el MDF defendieron a los intendentes: “Se rompieron el alma en la campaña, trabajando para instalar a candidatos sin ninguna fuerza territorial”. La conducción del espacio analiza sumar a varios jefes comunales al gabinete provincial para reforzar la estructura política y sostener el proyecto presidencial de Kicillof.
Durante las horas posteriores al revés electoral, las tensiones internas se mantuvieron bajo control, aunque los cruces no cesaron. Tanto Kicillof como Cristina Fernández de Kirchner coincidieron en mantener la unidad para evitar una ruptura que, según reconocen en ambos sectores, sería letal para el peronismo bonaerense.
El gobernador, sin embargo, no modificará su hoja de ruta. Planea recorrer el país a partir de diciembre para presentar el MDF en distintas provincias y tejer vínculos con otros espacios.
En su entorno creen que “Axel está obligado a continuar la idea de conformar una candidatura nacional” y que deberá compensar la derrota con “capacidad de diálogo y posiciones políticas fuertes”.
Hasta hace una semana, Kicillof era visto como el principal candidato del peronismo para 2027, incluso por referentes del PRO, la UCR y empresarios que lo consideraban una figura de consenso. El resultado electoral alteró ese escenario y reabrió la competencia interna dentro del oficialismo.
Pese al golpe, el gobernador mantiene su estrategia. En La Plata insisten en que la derrota nacional no invalida el camino trazado. “Hicieron todo para perder. Una lista del tren fantasma sin ningún peso territorial. Ni se asomaron en la campaña. La estrategia nacional fue un desastre”, resumió un dirigente cercano al mandatario.
El mapa político cambió, pero Kicillof no. Su apuesta sigue siendo la misma: construir poder desde la provincia y emerger como el referente del peronismo postkirchnerista. La derrota lo debilitó, pero también lo obligó a definirse.
