El Presidente comenzó a recibir asesoramiento del catalán Antoni Gutiérrez Rubí para robustecer su discurso y evitar errores no forzados.
Pasada la derrota en las PASO y los cambios en el gabinete que tanta diferencia interna generó en la coalición del Frente de Todos, el presidente Alberto Fernández va en buscar de recuperar su imagen y autoridad, la cual se vio sometida en el escándalo de la foto de cumpleaños de Fabiola Yáñez, la dura derrota electoral y la decisión de ceder frente a la presión de Cristina Kirchner para realizar cambios en el Gabinete.
En esa búsqueda, los cambios del Jefe de Estado parecen nítidos: cambió completamente sus actividades de campaña y empezó a alternar discursos moderados con otros más críticos. Según aseguran desde su entorno, la idea central es tratar de mantener cierta moderación discursiva y evitar protagonizar los actos tradicionales del peronismo, cargados de simbolismos históricos, movilizaciones masivas y unas piscas de mística.
Para tratar de evitar errores no forzados y robustecer su discurso, Alberto comenzó a recibir asesoramiento del catalán Antoni Gutiérrez Rubí, el consultor que estuvo detrás de la campaña de la actual Vicepresidenta en el 2017 y que guió a Sergio Massa en su movimiento estratégico para cerrar un acuerdo con el kirchnerismo y conformar el Frente de Todos.
Dichos cambios y asesoramiento ya comenzaron a plasmarse: el miércoles, durante un acto de la Cámara Argentina de la Construcción en La Rural, apeló a un discurso moderado, destacando lo que “sí” quiere hacer en su gestión y lo que “no” está dispuesto a tolerar. Un sello de Rubí para sembrar optimismo.
La Convención Anual 2021 de la @CamarcoArg de la que participé hoy nos encuentra en un tiempo auspicioso. La construcción lleva 12 meses consecutivos de crecimiento.
Esta es nuestra oportunidad de dejar atrás la confrontación y construir puentes por el futuro de la Argentina. pic.twitter.com/YBBFICrWGl
— Alberto Fernández (@alferdez) October 5, 2021
La otra cara la mostró el jueves cuando participó de un acto multitudinario en la cancha de Nueva Chicago que fue organizado por los movimientos sociales. Allí rompió la moderación para volver a apuntar contra la oposición, en especial contra Mauricio Macri, y subir el tono para darle más volumen a su arenga.
Por su puesto, la intención de recuperar la autoridad por parte del mandatario se suscribe a la esperanza de dar vueltas la escena electoral en las generales. No obstante, el optimismo en la Casa Rosa no abunda: “Es muy difícil que podamos levantar la elección. Hay que achicar la diferencia, pero si nos toca perder, nuestra coalición tiene que salir ordenada después de las elecciones. Que todos vean que vamos a gobernar hasta el 2023 y que no será un tiempo de sálvense quien pueda”, analizó, con crudeza, un importante funcionario que tiene despacho en la Casa Rosada.
De repetirse un escenario similar al de septiembre el tablero político del Frente de Todos volverá a tambalear. Fernández, al igual que la mayoría, lo sabe. Esto explica la búsqueda de respaldo de aliados suyos: movimientos sociales, dirigentes sindicales, intendentes y gobernadores.
Todos estos sectores tienen una mirada crítica de la gestión de Fernández y de los movimientos estratégicos de Cristina Kirchner que cuestionan por lo bajo. En rigor, los resultados de la gestión, que tiene como principal foco las medidas anunciadas para reactivar la economía, serán claves para calmar dichos malestares.
De todas maneras, en el Frente de Todos la consigna que está presente cada día es sellar las grietas internas y trabajar para acercar posiciones entre los diferentes sectores. Y, sobre todo, hacerlo cuanto antes para mejorar la imagen del Gobierno en la antesala de las elecciones. Eso también todos lo saben: con una coalición quebrada se pierde.
En 2019, Alberto expresó una premisa irrefutable para el peronismo: «con Cristina no alcanza y sin Cristina no se puede», hoy se advierte que con la unidad tampoco alcanza, pero sin ella no se puede.
