"Dios estuvo conmigo", dijo emocionada; la defensa de Héctor Antonio, el empresario al que la ex diputada denunció por un asesinato, había pedido un año y medio de prisión.
Elisa Carrió resultó absuelta en la causa por calumnias que le había iniciado el empresario Héctor Antonio. La sentencia fue dispuesta por el juez Luis Schlegel.
Tras conocer la resolución de los jueces, y mientras todavía no había sido terminada de leer la resolución, Carrió se quebró. Aún lloraba cuando salió fuera de los Tribunales donde la esperaban sus seguidores. “Lloro porque Dios existe”, dijo entre lágrimas. “Me desmoroné, es verdad, pero Dios estuvo conmigo”, agregó.
Pidió a los medios que la esperaban a la salida del Tribunal que la dejaran descansar. Aún así aprovechó para agradecer a varios periodistas y dijo que la tensión vivida era porque “en la Argentina nunca se sabe si va a haber Justicia”.
Al respecto, añadió: “Me alegro mucho que la Justicia haya sacado a la luz esto. Significa que no todos son corruptos”.
La defensa de Héctor Antonio, el empresario pesquero al que Elisa Carrió denunció por su presunta vinculación con el asesinato de Raúl Espinosa, también empresario del sector, pidió que la candidata sea condenada a un año y medio de prisión por los delitos de calumnias e injurias.
Así lo requirió el abogado de Antonio, hijo del histórico dirigente peronista, Jorge Sandro en su alegato durante la última audiencia del juicio contra la candidata a presidenta que se realiza en los tribunales de Retiro.
Tras el pedido de Sandro llegó el alegato de los defensores de Carrió el ex diputado Gerardo Conte Grand y Mariana Stilman.
PIDEN SU ABSOLUCIÓN. La defensa de la candidata reclamó su absolución al afirmar que la dirigente no incurrió en "injuria alguna" contra su querellante, Héctor Antonio, y reclamó investigar un posible caso de financiamiento ilegal de la política detrás del crimen del empresario pesquero patagónico Raúl Espinosa.
En un largo y puntilloso alegato, la defensa rechazó punto por punto las calumnias que Antonio le atribuyó a Carrió, e insistió en que la candidata presidencial "sólo marcó una línea de investigación sin sindicar al querellante en forma personal como partícipe" del crimen de Espinosa.
"ULTIMAS PALABRAS". Terminados los alegatos, Carrió hizo uso de su derecho a decir sus "últimas palabras" antes de la lectura de la sentencia.
Se definió como "la primera líder política" y negó haber acusado "de ningún delito a nadie, simplemente dije que investiguen una determinada línea respecto del crimen del empresario pesquero Carlos Espinoza", cometido en Chubut.
"Secretamente espero señor juez en su justicia", dijo Carrió al cerrar su propia defensa en la que insistió que no mintió y que sólo reclamó que se investigara el crimen del empresario pesquero patagónico Raúl "Cacho" Espinosa.
LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN PELIGRO. Entre otros recursos, contaron desde su círculo íntimo, que la ex diputada de ARI buscará dejar claro que una sentencia en su contra tendría efectos más allá de lo individual. Argumentará que, más allá de la amenaza de ir a prisión si una sentencia en su contra queda firme, un fallo desfavorable pondría en riesgo la libertad de expresión.
El razonamiento de Carrió es que una condena por haber denunciado un delito es "el peor antecedente" no sólo para el periodismo, sino para cualquier ciudadano común que quiera imitarla en el futuro.
EFECTO. Pese a que el pedido de la querella no alcanza para que Carrió vaya presa, una sentencia en su contra sentaría precedente respecto de otras dos denuncias que pesan sobre Carrió por los mismos delitos y respecto del mismo caso: una del ministro de Planificación, Julio De Vido, y otra del socio de Antonio, el empresario español Fernando Alvarez Castellano.
Vestida de blanco, la candidata llegó poco después de las 14 a los tribunales de Retiro, "Confío en la Justicia y si me condena, pienso apelar", dijo la candidata a los periodistas que la esperaban en el edificio de la Avenida de los Inmigrantes.
EL CASO. Apoyará su exposición en que sólo se limitó "en su condición de ciudadana común con responsabilidades políticas" a denuciar el asesinato de Espinosa, ocurrido en Puerto Madryn en 2003, y a sugerir que la Justicia investigará un móvil económico para el crimen.
Fue en este contexto que apuntó a Antonio y a Alvarez Castellano, presidente de la pesquera Conarpesa a quienes acusó de querer quedarse con la compañía San Isidro, que manejaba Espinosa.
La confianza de Carrió se sostiene, en gran medida, en que en la única audiencia del juicio, hace diez días, Antonio reconoció haber comprado gran parte del paquete accionario de San Isidro tras el asesinato de Espinosa.
RODEADA. Esta vez, la candidata está más acompañada durante la audiencia. La sala abrió sus puertas al periodismo, lo que no había ocurrido en la primera jornada del juicio, y hay asientos para 80 personas.
Por unas horas, Carrió dejó de lado la campaña electoral. Las febriles negociaciones con Ricardo López Murphy para lograr un acuerdo con miras a octubre, quedaron, por lo menos hasta esta noche en segundo plano.
BARBARIDAD
Carrió enfurece cada vez que escucha o lee que sus adversarios la acusan de usar el juicio con fines políticos, cuando faltan menos de dos meses para las elecciones. Y sus allegados la defienden, claro.
“No buscó llegar a esta instancia, incluso trató de evitarla y no maneja los tiempos de la Justicia. Es cierto que el juicio ocurre en plena campaña, pero igual de cierto es que Carrió denunció el asesinato de Espinosa en 2003. Que se la acuse de usar políticamente la muerte de una persona es una barbaridad”, dijo a LANACION.com uno de sus colaboradores.
