A pesar de que un amplio sector de la sociedad adhirió a la medida, la falta de trenes, micros y subtes colaboró en la inasistencia de los trabajadores a sus lugares de trabajo. El gobierno no quiso perder la iniciativa y lo asoció a cuestiones electorales. Con el espaldarazo social del 1A latente, aplicó por primera vez el protocolo anti-piquete para liberar los principales accesos a la Capital Federal.
El gobierno de Mauricio Macri recibió el primer paro nacional de la CGT en su contra. Transcurrieron casi 16 meses para que suceda. Superó, en este sentido, a los radicales Raúl Alfonsín (a los 9 meses) y Fernando De la Rúa (a los tres meses); y a Eduardo Duhalde (a los cinco meses).
El último paro nacional de la Confederación General del Trabajo había sido hace poco menos de dos años. El 9 de junio de 2015, en una medida similar, los sindicatos nucleados en la Confederación Argentina del Transporte (CATT) se pusieron a la cabeza de la manifestación de la central de los trabajadores que paralizó el país en lo que fue el último año de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Con el acatamiento total al paro por parte de trenes, subtes, y colectivos, los grandes centros urbanos sintieron con fuerza la medida y la inasistencia al trabajo fue mucho mayor que en localidades del interior. Sin embargo, hubo movimiento de automóviles, y otro impulsado por los remises y un sector de los taxistas que no se plegó a la medida.
A pesar de ello, el gobierno intentó no perder iniciativa y con el espaldarazo de la movilización del 1° de abril aún encima, aplicó por primera vez el Protocolo Anti-Piquete a través de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, para liberar de los cortes a los principales accesos a la Capital Federal con el objetivo de que los automovilistas pudiesen llegar a sus lugares de trabajo. En ese marco, y a pesar de las órdenes judiciales interpuestas que lo habilitaban, se registraron algunos incidentes y manifestantes calificaron el hecho de represión.
En tanto, desde el propio Presidente hasta sus principales ministros calificaron al paro de irracional y lo asociaron a cuestiones político partidarias en un contexto de escenario electoral. De todos modos, insistieron con la necesidad de seguir “dialogando”.
En el World Economic Forum, más conocido como el "Mini Davos", que desarrollaba en paralelo en Puerto Madero, las primeras palabras de Macri frente a los más de mil líderes y representantes de 63 países: "Qué bueno que hoy estemos acá, trabajando".
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, hizo foco en que la medida de fuerza fue "muy focalizada en el transporte" lo que generó que "la enorme mayoría de los trabajadores no tenía la opción de ir a trabajar".
El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, destacó en conferencia de prensa: "Estamos en un año electoral. Volvamos al diálogo como dirigentes sindicales, pero no nos dirijamos a un modelo político. Este gobierno no tiene pensado volver a Kicillof y a Moreno”.
“Hay más movimiento que en otros paros sin transporte”; “Hay una Argentina que quiere mirar para adelante, construir con otros valores. Y después hay grupos minoritarios que siguen con la visión del pasado, de la confrontación”, dijo el ministro de Transporte Guillermo Dietrich.
Su par de Hacienda, Nicolás Dujovne, le atribuyó "motivaciones electorales", al asegurar que "no le hace bien al país" en momentos en que la economía argentina "ya arrancó".
Desde la CGT, los sindicalistas apuntaron en una conferencia de prensa al mediodía que la medida fue “contundente en todo el país”.
