No me gustan las películas de terror. Pero no porque me generen miedo, sino justamente por lo contrario: no les creo, no me resulta posible que eso que veo esté sucediendo, lo que me impide entrar en el jueguito del espanto. Es más: la falsa sangre, los gritos sobreactuados y los cuchillazos de plástico me generan risa, mucha, e incomoda a mis acompañantes.
Cada vez más el 7D se parece a una de terror. Más compleja, a la argentina. De un lado o del otro de quienes intentan dirigir la obra encontramos un argumento épico que va a cambiar nuestras vidas (para mejor, supuestamente) o uno asfixiante donde no se va a poder vivir más en libertad.
Mientras contengo la carcajada ante semejantes disparates, resuenan en mi mente las palabras dichas semanas atrás a Natalia Aguiar, periodista de PERFIL, por la vicepresidenta de nuestra respetabilísima Corte Suprema, Elena Highton de Nolasco: lo que está en discusión es un tema patrimonial, no de libertad de expresión.
La Ley de Medios es una herramienta valiosa para tratar de democratizar la emisión audiovisual en la Argentina. Pero el kirchnerismo la utiliza primordialmente para desguazar a un grupo económico-periodístico (en ese orden de aparición) que ya no le resulta funcional a sus intereses, como sí sucedió en el período 2003-2008.
La más reciente prueba de ello, que casi merece un Oscar, es el paraguas oficial abierto a Telefe por su pertenencia a Telefónica de España y no a su filial argentina. Terrorífica también resultó la (hasta ahora) última de Clarín. Que un grupo mediático, que levanta la bandera de la libre expresión como principal sostén de su batalla contra el Gobierno, involucre a periodistas en una denuncia penal es bizarro. Y que me avisen, porque no lo encontré, si se ocupó de este tema algún editorial institucional del diario La Nación, autoproclamada reserva moral del sistema democrático occidental y cristiano.
La enunciación de contrasentidos es interminable, da para más sagas que las de Freddy Krueger. Pero que nos impongan que debemos elegir entre Noble-Magnetto o Szpolski-Garfunkel ya no es una de terror. Más bien se corre hacia el drama.
