Una filtración expuso la identidad de empresarios, funcionarios, militares y referentes tecnológicos que integran Dialog, el exclusivo círculo impulsado por el magnate que sigue de cerca el experimento político de Javier Milei. La revelación mostró cómo confluyen figuras clave de la política, la defensa y el negocio tecnológico de Estados Unidos.
Durante años, Dialog cultivó un perfil casi invisible. La organización creada en 2006 por Peter Thiel funcionó bajo estrictas reglas de confidencialidad y reunió a algunas de las personas más influyentes del mundo de la política, los negocios y la tecnología. Sin embargo, un error básico de seguridad dejó expuesta parte de esa estructura reservada.
La revista especializada WIRED reveló que información interna del grupo quedó disponible en internet sin protección alguna. Los registros aparecieron ocultos en el código fuente de su sitio web y podían consultarse sin claves ni permisos especiales. El hallazgo surgió a partir de una advertencia anónima que recibió la hacktivista suiza maia arson crimew, conocida por otras filtraciones de alto impacto vinculadas al gobierno estadounidense.
La documentación permitió conocer quiénes integran el exclusivo espacio que gira alrededor del fundador de Palantir. Entre los anotados para el encuentro anual previsto para agosto de 2026 en Irlanda aparecen funcionarios de primera línea de Estados Unidos, ejecutivos de empresas tecnológicas y referentes del sector de defensa.
La nómina incluye al secretario del Tesoro, Scott Bessent; al secretario del Ejército, Dan Driscoll; al comandante supremo aliado de la OTAN en Europa, Alexus Grynkewich; al senador Ted Cruz; al empresario Elon Musk; al exdirector ejecutivo de Google, Eric Schmidt; al cofundador de OpenAI, Greg Brockman; y a Joe Lonsdale, socio fundador de Palantir.
La filtración dejó al descubierto algo más relevante que los nombres: mostró la convivencia dentro de un mismo ámbito de reguladores estatales, contratistas militares, empresarios tecnológicos y figuras con capacidad de influir sobre las políticas públicas.
Uno de los casos que llamó la atención fue el de Auren Hoffman, presidente de Dialog y fundador de compañías dedicadas al negocio de los datos. Su participación coincidió con la presencia de funcionarios y legisladores que tienen responsabilidades directas sobre regulaciones vinculadas a la privacidad, el uso de información personal y la supervisión de grandes plataformas tecnológicas.
La misma situación apareció en torno a Palantir. Lonsdale compartió espacio con dirigentes políticos que intervienen en organismos encargados de controlar contratos estatales y actividades de inteligencia relacionadas con la compañía.
La documentación también mostró la posible participación del empresario argentino Marcos Galperin. Su nombre circuló en listados difundidos a partir de la investigación periodística, aunque no apareció mencionado de manera explícita en el texto principal de WIRED. De confirmarse su presencia, sería una de las pocas figuras latinoamericanas dentro de un ámbito dominado por referentes estadounidenses.
Otro aspecto que generó repercusión fue el contenido de la agenda prevista para el retiro anual. Entre las actividades programadas figuran paneles titulados “Navegando la Tercera Guerra Mundial”, “Tecnologías de campo de batalla”, “Construye un culto” y “¿Cómo va tu vida sexual?”.
Los documentos expuestos también revelaron que Dialog administra un sistema de encuentros personales entre miembros. Parte de esa información privada quedó accesible junto con formularios internos y credenciales de acceso de participantes.
Durante casi veinte años, la organización sostuvo una norma central: todo lo que se discutía en sus reuniones permanecía fuera del alcance público y no podía atribuirse a ninguno de los asistentes. Paradójicamente, la mayor filtración de su historia no surgió de una operación de espionaje ni de una intrusión sofisticada. Bastó con revisar el código de una página web para exponer la intimidad de uno de los círculos de poder más reservados del mundo tecnológico y político.
Según informó WIRED, ni la organización ni sus principales responsables respondieron consultas sobre el episodio.
