El futbolista surgido en Núñez y actualmente en Rayo Vallecano contó las dificultades que afrontó al no poder sostenerse en la élite, las conductas autodestructivas y la importancia de buscar ayuda para salir adelante.
Augusto Batalla puso en palabras una vivencia profunda y dolorosa al hablar de su depresión: “En mí, en mi persona, estaba totalmente deprimido, no tenía ganas de salir, no tenía ganas de ir a entrenar, no tenía ganas de relacionarme con nadie”. Y el arquero reconoció: “Tomaba dos vasos de vino para dormir”.
El peso de los objetivos no cumplidos fue clave en ese derrumbe emocional. Batalla admitió que sintió haber fracasado al no sostenerse en River como había soñado, y explicó que esas metas autoimpuestas lo fueron desgastando por dentro.
La falta de manejo emocional y la presión del entorno también dejaron huella. “Uno cuando es joven y no sabe administrar sus propias emociones, acciona y reacciona de mala manera”, contó, al describir cómo los errores deportivos impactaron en su vida personal.
El aislamiento fue una de las consecuencias más duras. “Empezás a hacerte un caparazón y en un momento te encontrás totalmente solo”, relató, y remarcó que encerrarse solo profundiza el dolor, aunque en el momento parezca una defensa.
El punto de inflexión llegó con la ayuda. “No se sale solo, solo no se sale”, afirmó Batalla, destacando el rol central de la terapia y del acompañamiento de su entorno. Romper ese caparazón, explicó, no garantiza el éxito, pero sí la paz y las ganas de volver a vivir y entrenar.
