El gobernador bonaerense impulsaría a la vicegobernadora para disputar la conducción partidaria frente a Máximo Kirchner, si es que el líder de La Cámpora quiere presentarse en esta interna o delega la postulación a otr@ dirigente. La decisión busca canalizar el reclamo de renovación que comenzó a expresarse en sectores del peronismo tras la derrota electoral.
Axel Kicillof definió un primer paso en la estrategia para reorganizar su espacio dentro del peronismo bonaerense. El mandatario promueve a Verónica Magario como candidata a presidir el Partido Justicialista de la provincia, en reemplazo de Máximo Kirchner. La propuesta surgió en una reunión realizada en la residencia oficial, donde participaron dirigentes cercanos al gobernador, y contó con su aval político.
Magario aceptó la idea. Su situación institucional le impide competir por un nuevo mandato como vicegobernadora, lo que la deja sin proyección ejecutiva inmediata. Esa condición, lejos de ser una debilidad, se transformó en una ventaja: no compite con los intendentes ni con los ministros provinciales que podrían tener aspiraciones electorales, lo que facilita los acuerdos internos.
Dentro del equipo de Kicillof sostienen que el PJ bonaerense debe recuperar centralidad política.
La designación de Magario funcionaría como una señal hacia el interior del movimiento, luego de una derrota que desató fuertes reproches cruzados. La Cámpora responsabilizó al gobernador por el desdoblamiento de la elección provincial, mientras que los intendentes kicillofistas apuntaron contra Cristina Fernández de Kirchner por el armado de las listas.
En ese clima, la disputa por la conducción partidaria se transformó en el primer escenario de una interna que promete escalar.
Magario, exintendenta de La Matanza, no enfrenta los vetos cruzados que suelen trabar las aspiraciones de los jefes comunales. Sin embargo, la influencia de Fernando Espinoza, su jefe político en el distrito, podría generar tensiones. Aun así, su perfil moderado y su pertenencia al núcleo de confianza de Kicillof la posicionan como una alternativa directa al liderazgo de Máximo Kirchner.
El contexto partidario también impulsa la candidatura. La sede del PJ bonaerense, en La Plata, amaneció el lunes con carteles que exigían “renovación y apertura”. El mensaje reflejó un malestar extendido en las bases y en las estructuras locales, que reclaman un recambio de dirigentes y mayor participación. “El partido está blindado por los mismos de siempre”, fue la frase que se repitió en distintas seccionales del conurbano, donde la caída electoral tuvo mayor impacto.
Los reclamos se orientan a cuestionar la hegemonía de La Cámpora dentro del peronismo provincial. Militantes, intendentes y dirigentes de segunda línea coinciden en que el modelo de conducción actual impide la aparición de nuevos liderazgos y el debate interno. En ese marco, la postulación de Magario se interpreta como un intento del kicillofismo por encauzar el reclamo de renovación bajo su órbita, antes de que lo capitalicen otros sectores.
Federico Otermin, intendente de Lomas de Zamora, también aparece mencionado como posible candidato de consenso entre Kicillof y el kirchnerismo. Sin embargo, la derrota del domingo inclinó al gobernador hacia una figura más cercana a su proyecto político.
El plazo para convocar a elecciones partidarias venció en octubre, pero el mandato de Máximo Kirchner expira el 18 de diciembre, por lo que la definición deberá resolverse en las próximas semanas.
En el peronismo bonaerense nadie duda de que la pelea por el PJ será el primer capítulo de una discusión más profunda. La conducción del partido se convirtió en el campo donde se medirán las fuerzas de Kicillof y La Cámpora, en un contexto donde la palabra “renovación” empezó a tener peso propio. ¿Hay lugar para una salida en Unidad?
