La dimisión de José Luis Espert a su postulación como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires sacudió el tablero político y electoral argentino. A menos de tres semanas de los comicios legislativos, la salida del referente de La Libertad Avanza (LLA) introduce un nuevo nivel de incertidumbre en los cálculos de las distintas fuerzas del arco político.
Dentro del peronismo consideran que, entre el estallido del escándalo que involucra al diputado —acusado de haber recibido un pago de 200 mil dólares por parte del empresario “Fred” Machado, investigado por narcotráfico— y el domingo 26 de octubre, día de la elección, pasará suficiente tiempo como para que el impacto negativo se diluya. Argumentan que la mayoría de los votantes suele definir su decisión en los días previos a acudir a las urnas.
Encuestas manejadas por el oficialismo bonaerense indicaban que los libertarios venían recortando la distancia con Fuerza Patria, tras los 13 puntos de diferencia registrados en las elecciones del 7 de septiembre. “La semana pasada llegaron a estar a 3 puntos de distancia”, reconoció un dirigente con acceso permanente a estudios de opinión.
Sin embargo, los últimos relevamientos previos a la renuncia de Espert mostraban que las contradicciones del Gobierno al defenderlo, sumadas a las versiones dispares del propio legislador sobre su vínculo con Machado, habían vuelto a ampliar la brecha a cifras de dos dígitos. Ese escenario refuerza la expectativa de una elección polarizada y sumamente reñida.
En el PJ ponen especial foco en esa polarización. Creen que el enfrentamiento entre extremos terminará debilitando a las fuerzas intermedias, como Provincias Unidas, y que buena parte del electorado que en septiembre optó por Somos Buenos Aires o Hechos regresará al espacio libertario. Sostienen que esta será una elección en la que se votará “contra un modelo y no a favor de una propuesta”: los antimileístas frente a los antiperonistas.
“El problema no es Espert o Santilli. El problema es Milei”, afirmaron allegados a Axel Kicillof, al analizar el eventual impacto del recambio de nombres en la lista de candidatos. “Así como a la gente no le cambiaba nada un tuit de Donald Trump, tampoco le modifica algo un cambio de nombres en la lista de diputados”, añadieron. En definitiva, insisten en que, pese a la magnitud del escándalo, la principal preocupación ciudadana sigue siendo la situación económica.
Un referente de Fuerza Patria en el conurbano bonaerense coincidió en que el caso Espert trascendió el círculo de los más informados: “Lo de la corrupción y el narcolavado está a la orden del día. Es un escándalo y la gente, con razón, no le deja pasar una a los políticos. Ni a ellos ni a nosotros”, reconoció, en tono de advertencia hacia su propio espacio.
En el peronismo interpretan que hay una pérdida de confianza en la gestión de Javier Milei, reflejada en el índice de confianza de la Universidad Torcuato Di Tella, que mostró una caída en la percepción del Gobierno y tensiones internas dentro del oficialismo. Aun así, reconocen que la disputa del 26 de octubre está lejos de estar definida. La extrema polarización, aseguran, reducirá los márgenes de diferencia.
“Esta crisis no tiene un efecto inmediato. Va a seguir. El tema sigue vigente y Santilli, si le toca a él, va a tener que seguir respondiendo sobre el caso de Espert. No cortás la sangría como una pierna infectada y después se termina. Puede ser que su salida frene el escándalo, pero no que lo concluya”, reflexionó una figura de La Cámpora, que sigue con atención la campaña en Buenos Aires.
El peronismo adoptó una postura firme y no planea ofrecer concesiones al Gobierno. Uno de los temas en los que ejercerá presión es la reimpresión de boletas, que demandaría cerca de 10 millones de dólares. Desde el Ejecutivo ya anticiparon que José Luis Espert será reemplazado por Diego Santilli, y que las boletas únicas deberán rehacerse.
“Es una decisión política de ellos que van a pagar todos”, reprochó un legislador justicialista. No obstante, el propio Gobierno hizo saber que el gasto correrá por cuenta del Ministerio del Interior, es decir, con fondos públicos. El dato no pasará inadvertido para el peronismo, que aprovechará la contradicción de un presidente que cuestiona al Estado, pero recurre a él para financiar decisiones partidarias.
En cuanto a la contienda electoral, en el peronismo prefieren la cautela. Evitan lecturas triunfalistas, incluso después de la amplia victoria bonaerense y de la seguidilla de elecciones adversas para los libertarios. “Las negras también juegan. Esto va a ser quirúrgico. No hay que subestimar nada ni a nadie”, señaló una candidata bonaerense.
En los meses que restan hasta fin de año, la oposición planea dar batalla en el Congreso. El clima tenso, las contradicciones oficiales y los cruces de campaña delinean un escenario fracturado, donde tanto el oficialismo como el peronismo apuestan a la polarización para fortalecerse. Los votos, en última instancia, serán los que determinen el cierre de este capítulo político.
