El gobierno de Milei no solo ataca nuestros bolsillos, nuestros derechos y reprime a quienes protestan. En paralelo, vuelve a endeudar al país y desfinanciar la cultura para cumplir con el Fondo Monetario Internacional. El vaciamiento del INCAA es parte de este plan.
La crisis que atraviesa hoy el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) no es un hecho aislado. Es parte de un proyecto político que desprecia la producción nacional, que recorta donde hay derechos, que ajusta en nombre del “déficit cero” para pagarle al FMI y no al cine, al teatro, a las jubilaciones, a la salud, a la educación.
A un año del inicio de la gestión de Carlos Pirovano como presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), se alzan las voces cuestionando sus políticas.
El Espacio Nacional Audiovisual (EAN) difundió un informe lapidario en el que califica al período como “el año cero” del cine argentino. El documento señala que la administración actual ha tomado medidas que afectan estructuralmente al sector, provocando lo que describen como “una crisis sin precedentes”. Según el informe, ninguna película argentina fue aprobada durante todo el 2024 y lo que va del 2025, un récord negativo en la historia del organismo.
Desde múltiples sectores del cine independiente, y en cada charla en los pasillos de las escuelas de cine se pueden escuchar voces de realizadores, técnicos, docentes y estudiantes que denuncian la terrible situación del sector. Falta de trabajo, rodajes parados, proyectos postergados, historias y miradas censuradas es el resultado.
Además, el ataque en curso incluye cientos de despidos, suspensiones y retiros voluntarios forzosos de trabajadores del Instituto, como parte del brutal ajuste de este gobierno al conjunto de los trabajadores y los estatales en particular.
Un cine sin fomento
A través de diferentes decretos y resoluciones, la gestión del INCAA ataca el fomento al cine nacional e independiente.
Mientras tanto, continúa recaudando a través del porcentaje de las entradas de cine y de los impuestos a la difusión en TV. Los funcionarios perciben abultados sueldos, mientras el cine nacional se desfinancia.
Se reduce el porcentaje destinado a la producción de cine nacional, y se establece que los directores y productores que soliciten un subsidio deberán contar con fondos para cubrir el 50% de su producción. De esta forma, el cine que fomentará el INCAA será únicamente aquel proveniente de grandes productoras con capitales suficientes para afrontar estos costos.
Los hechos lo demuestran con claridad: ofrecieron créditos bancarios, un modelo que no funciona para el cine. Ninguna productora los utilizó.
Además, un nuevo decreto obliga a esperar un año entre un subsidio y otro, incluso tratándose de proyectos diferentes de una misma productora. Otra medida que atenta contra las producciones más pequeñas y beneficia a las grandes empresas con múltiples recursos.
Todas estas decisiones han frenado la producción, provocado despidos y profundizado la crisis del sector.
Retrocesos en la exhibición y distribución
Los distintos informes y documentos denuncian el desmantelamiento de políticas de exhibición y difusión del cine nacional. La Resolución 16/2024 eliminó apoyos a festivales y organismos provinciales, limitando el acceso del público a una oferta diversa de cine argentino.
El histórico cine Gaumont, espacio emblemático del cine nacional, hoy proyecta mayoritariamente películas internacionales. Además, la plataforma estatal Cine.ar fue transferida a la Secretaría de Medios, lo que genera incertidumbre sobre su continuidad. Los números acompañan la crítica: en 2024, el cine argentino representó apenas el 2,19% de la taquilla total, una caída del 60% respecto al año anterior.
Además se eliminaron la “cuota de pantalla” y “media de continuidad” que fijan un piso mínimo para la exhibición de películas nacionales. Ahora es el Presidente del INCAA, quien según su criterio, establece la cantidad de películas argentinas a ser exhibidas. Si aún con la cuota de pantalla, que no era cumplida por los exhibidores, los cines presentaban un 80% de películas extranjeras, en su gran mayoría norteamericanas; con esta medida el cine argentino queda reducido a un ínfimo porcentaje.
Un ajuste con destinatario: el FMI
Este vaciamiento no puede entenderse como una serie de decisiones técnicas aisladas. Forma parte del plan general del gobierno de Javier Milei, cuyo principal objetivo es un ajuste brutal a los trabajadores y el pueblo para cumplir con las metas fiscales impuestas por el Fondo Monetario Internacional.
El ajuste no distingue áreas: recorta salud, educación, ciencia y también cultura. Podría haber ido a la cultura, pero también por ejemplo, para resolver los problemas que el año pasado puso a la comunidad universitaria y al movimiento estudiantil en pie de lucha por presupuesto y salario docente.
El desfinanciamiento del cine responde a esa lógica, pero también cumple una segunda función: transformar a la Argentina en un mercado abierto para las plataformas multinacionales, especialmente estadounidenses, que operan sin regulaciones ni competencia local. Destruir el cine nacional es parte del proyecto de entrega.
Pero el cine también resiste
El cine argentino ha sido parte fundamental de cada momento de resistencia del pueblo trabajador. Ha contado las luchas de les trabajadores, las memorias de los desaparecidos, las luchas de las Madres. Es parte de nuestra historia, con las grandes experiencias del cine político y de vanguardia en los 60 y 70, y el que acompaña la memoria y las diversas luchas del pueblo, desde los 80 y hasta la actualidad.
Hoy, frente a un nuevo ciclo de ajuste brutal, un cine independiente que mire de frente la realidad resulta profundamente incómodo para el gobierno. Por eso lo quieren silenciar.
Les trabajadores de la cultura también dan pelea. Fueron de los primeros en organizarse, al comienzo del gobierno de Milei, nucleándose en Unidxs por la Cultura y diferentes asambleas, e irrumpiendo en la escena política contra los despidos, en defensa del fondo de fomento, del INCAA y de cada espacio conquistado.
Estuvieron presentes en el debate por la Ley de Bases, acompañaron cada movilización estudiantil y hoy registran, cámara en mano, la represión que Patricia Bullrich desata cada miércoles contra les jubilades.
La resistencia contra Milei no deja de crecer. Así lo demostró el paro del 10, que fue contundente incluso sin el respaldo activo de las conducciones peronistas de la CGT y la CTA, que no se animaron a darle continuidad con un verdadero plan de lucha.
Sigamos fortaleciendo esta resistencia ahora, y una verdadera alternativa para poner toda la fuerza de la clase trabajadores y el movimiento estudiantil para enfrentar a Milei, los empresarios y el FMI.
No se trata solo de defender lo que supimos conquistar. Desde abajo, peleamos por una salida distinta: por un cine verdaderamente independiente, con institutos que formen nuevas generaciones de cineastas, y con medios de producción cultural que no estén al servicio del mercado, sino a disposición de las historias que el pueblo trabajador quiera y necesite contar. Historias que ayuden a fogonear las luchas de hoy, a no perder la memoria, y a sostener una cultura viva frente a quienes buscan vaciarla para convertirla en negocio.
