Se registraron al menos cinco heridos por el gas pimienta y dos detenidos al voleo. La violencia se desató a pocos metros del Congreso.
Esta vez no eran más de 20. Se les habían unido un grupo de estudiantes y militantes de las organizaciones sociales, y aún así los efectivos de la Federal los duplicaban en número. Sobre Rivadavia, a la altura del Congreso, los jubilados se amucharon, levantaron sus carteles y a pesar de la desventaja evidente intentaron avanzar unos pasos hacia la calle.
Fue una nueva demostración de rebeldía contra el protocolo diseñado para obligarlos a protestar desde un rincón, detrás del corralito de azules. La respuesta de la Policía fue tirar con gas pimienta directamente a la cara, pegar bastonazos debajo de la cintura y cazar al voleo a los manifestantes. El saldo fueron al menos cinco personas heridas y dos detenidas, como para no perder la cotumbre de cada miércoles.
«El policía me miró directo a los ojos y tiró. Me dejó 40 minutos ciego, no veía nada, no sabía ni dónde estaba. Y como grité, fue peor: me tiraron también en la garganta. Es un dolor insoportable, un ardor terrible, que empeora cada vez que pestañás o tosés», relató a Página/12 Cristian, uno de los jubilados gaseados.
En medio de ese tumulto, un manifestante quedó inmovilizado luego fue detenido. Se lo llevaron efectivos de la Policía Federal, que más tarde lo liberaron. También fue detenida una mujer.
Minutos más tarde comenzó la marcha desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo, con las consignas de siempre: aumento de la jubilación mínima, reapertura de la moratoria y el subsidio de los medicamentos de alto costo. Mientras desconcentraban, las columnas fueron escoltadas por Policía de la Ciudad y también por Gendarmería. Algunos gendarmes aprovecharon la filita india de manifestantes para pegarles con los palos en los tobillos.
