El exviceministro Fernando Morra fue tajante: “Yo devaluaría y culparía al anterior, pero ellos no pueden hacer eso”.
El sacudón global impulsado por Donald Trump puso al Gobierno argentino contra las cuerdas. Mientras el expresidente estadounidense redobló su apuesta proteccionista, Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, quedaron atrapados en un escenario externo cada vez más adverso. En el mercado local, el dólar libre saltó, el riesgo país aumentó y la brecha cambiaría se amplió.
La principal exigencia que se consolidó en las últimas horas fue una devaluación del peso. Lo pidieron economistas, empresarios e incluso sectores que aún respaldan al Gobierno. El exviceministro Fernando Morra fue tajante: “Yo devaluaría y culparía al anterior, pero ellos no pueden hacer eso”. Reconoció que el Gobierno “jugó muy al límite” y advirtió que el contexto internacional complicó todo. “Creo que lo peor es entender cómo afecta esto al problema en el que ellos mismos se metieron”, sostuvo.
La presión se intensifica por las señales que dieron otros países. Varios ya devaluaron sus monedas para evitar la pérdida de competitividad. Argentina mantuvo la paridad móvil del 1% mensual, pero esa estrategia comenzó a quedar aislada.
En el Foro Llao Llao, donde se reunieron empresarios con gran influencia económica y política, algunos plantearon que la salida podría ser la dolarización. Uno de ellos opinó que “sería lo más inteligente”, mientras otro reconoció que “se están escuchando algunas voces aisladas que piensan que el modelo está agotado”. Aun así, esa postura sigue en minoría.
La columnista del Wall Street Journal , Mary Anastasia O’Grady, retomó esa idea. “Argentina necesita el dólar más que nunca”, escribió. Criticó los controles de capital y advirtió: “El tipo de cambio fijo sobrevaluado —con su paridad móvil— y los correspondientes controles de capital son señales de alerta”. Consideró que el régimen monetario actual es insostenible.
Desde el campo ortodoxo, Daniel Artana alertó que si no se recuperan pronto las reservas del Banco Central, habrá que ajustar el plan económico. Orlando Ferreres coincidió en que el Gobierno “deberá adaptarse” y proyectará más inflación. Daniel Marx reclamó medidas urgentes para recuperar la credibilidad.
Entre los industriales crece el malestar. Un empresario de la UIA dijo que “hay que hacer todo lo contrario a lo que está haciendo el Gobierno con su apertura indiscriminada en un momento en que el resto del mundo se cierra”. Otro reclamó pragmatismo frente al nuevo mapa comercial internacional.
Desde una visión más heterodoxa, Pedro Gaite advirtió que el país quedaba expuesto. “Tenemos todas las fichas para inundarnos de importaciones del mundo que no puede colocar exportaciones en otros mercados”, sostuvo. Andrés Asiain fue más allá: “Tendrían que ir pensando una nueva reestructuración”, planteó, en alusión a la deuda externa. Alejandro Vanoli demostró que no se podrá sostener el actual esquema cambiario sin consecuencias graves. “Es imposible mantener el tipo de cambio móvil del 1% mensual si se devalúan otras monedas porque si se aprecia el peso, se agrava el problema”, afirmó.
En el ámbito financiero, algunos operadores detectan “desconcierto total”. Otros reclamaron una respuesta urgente. La Mesa de Enlace, todavía confiada en el rumbo oficial, pidió negociar con Estados Unidos. Desde el sector comercial, Marcelo Elizondo defendió el ajuste fiscal, el acuerdo con el FMI y la necesidad de avanzar con los proyectos del RIGI. Pero también reconoció: “No va a ser fácil”.
La presión para devaluar ya no se limita a los economistas. Se expande al mundo empresario ya parte de la política. La decisión final dependerá de la lectura que haga Milei, aunque los márgenes para sostener el esquema actual se achican cada vez más.
