El presidente de la Nación muestra una clara afinidad por Donald Trump y sus políticas, pero un posible triunfo del republicano podría traer desafíos económicos para Argentina debido al proteccionismo estadounidense. Los analistas advierten que las esperanzas del gobierno de La Libertad Avanza de obtener financiamiento inmediato del FMI son «más una ilusión que una realidad». Además, señalan que un acuerdo con grandes desembolsos está en duda, independientemente de quién gane las elecciones en Estados Unidos
Es indudable que Javier Milei muestra una clara inclinación por ver a Donald Trump regresar a la presidencia de los Estados Unidos en las próximas elecciones del martes, en lugar de Kamala Harris. No obstante, los analistas advierten sobre un factor clave que podría afectar a Argentina si el republicano gana: el proteccionismo. Además, relativizan la idea de que un nuevo gobierno de Trump traiga automáticamente dólares del FMI que alivien el control cambiario.
Con precaución, Milei evitó respaldar de manera abierta a Trump durante los meses recientes de campaña. Aprendió del error cometido por Mauricio Macri, quien en 2016 mostró su apoyo a Hillary Clinton antes de las elecciones y luego tuvo que esforzarse para ganar la confianza del entonces presidente republicano. Por su parte, el Gobierno enfatiza constantemente que el alineamiento con Estados Unidos se mantendrá inalterado, ya sea que ganen los republicanos o los demócratas.
A pesar de eso, la afinidad del presidente argentino por Donald Trump es evidente, algo que él mismo se ha encargado de hacer notar durante la primera mitad del año. “Milei se jugó, como nunca antes en la historia, muy abiertamente, incluso reuniéndose con Trump y apuntando su candidatura todas las veces que pudo”, destaca Leandro Morgenfeld, investigador del CONICET especializado en las relaciones entre Argentina y Estados Unidos.
En efecto, Milei se reunió con Trump en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) que tuvo lugar en febrero en Washington DC. En contraste, durante sus seis visitas a Estados Unidos en lo que va de su mandato, el mandatario argentino no ha tenido un encuentro formal con Joe Biden, y solo ha logrado reunirse con el secretario de Estado, Antony Blinken. El único intercambio directo con Biden fue un breve saludo en la cumbre del G7 en Italia, celebrada en junio.
La inclinación de Milei hacia Trump se sustenta claramente en razones “políticas, ideológicas y culturales». Según Morgenfeld, Trump ha intensificado aún más su agenda contra los feminismos, las minorías y el cambio climático, además de su crítica al «wokismo«, lo cual armoniza perfectamente con las posturas de Milei. Morgenfeld añade que un regreso de un gobierno de ultraderecha a la Casa Blanca representaría un respaldo para líderes como Nayib Bukele en El Salvador y el propio Milei, quienes se encuentran aislados en el ámbito internacional.
No obstante, esta afinidad política no implica necesariamente un beneficio económico para Argentina. «Relativizo un poco la idea de que Trump sería más favorable a Argentina, considerando su firme defensa del proteccionismo estadounidense y el impacto negativo que eso podría tener en el país», señaló Haroldo Montagu, ex viceministro de Economía y actual socio de la consultora Vectorial.
Morgenfeld, quien también es magíster en Historia de la Economía, agrega que, en términos económicos, el gobierno de La Libertad Avanza podría estar mostrando «ingenuidad política» al asumir que una presidencia de Trump conllevaría grandes inversiones o un financiamiento sustancial para Argentina. A su juicio, «esa expectativa es más una ilusión que una realidad». El experto menciona dos ejemplos concretos de la primera administración de Trump: el impacto negativo de la guerra comercial con China y el aumento de aranceles al biodiésel, decisiones que afectaron a Argentina pese a los elogios frecuentes de Macri hacia Trump.
En cuanto al Fondo Monetario Internacional, los analistas ponen en duda que un triunfo de Trump facilite automáticamente la obtención de dólares adicionales que permitan aliviar el control cambiario en Argentina, aunque creen que podría mejorar un poco esa posibilidad.
«El Gobierno aspira a un importante desembolso inicial para dar ‘municiones’ al BCRA, con el fin de levantar el cepo y defender un tipo de cambio que el FMI considera rezagado. Este es el principal obstáculo. El Fondo, por su parte, prefiere un programa con desembolsos graduales para respaldar las reformas estructurales que el Gobierno quiere implementar y, sobre todo, reducir su exposición con Argentina. Esta postura es compartida tanto por el personal técnico como por el Directorio del FMI, y no creo que cambie independientemente de quién gane el 5 de noviembre», explicó Héctor Torres, ex director Ejecutivo del FMI.
Por su parte, Montagu, quien participó en las negociaciones del acuerdo que Martín Guzmán alcanzó con el FMI, comenta que «incluso si ganara Trump, la posibilidad de un nuevo acuerdo con desembolsos frescos estaría al final de la lista de prioridades«, similar a lo que ocurriría en caso de un triunfo de Harris.
Este alineamiento incondicional con Estados Unidos refleja una postura de dependencia que, en última instancia, pone en riesgo la autonomía económica de Argentina. La estrategia del gobierno argentino de depositar sus esperanzas en un posible respaldo financiero de Washington, sin garantías reales de un apoyo tangible, evidencia una peligrosa sumisión. Esta postura no solo compromete los intereses nacionales, sino que también muestra una falta de visión estratégica que podría dejar al país en una situación de mayor vulnerabilidad, aún sin los recursos prometidos.
