En términos formales, el Presidente ha adoptado una postura firme mediante un comunicado para impulsar la aprobación del DNU en el Senado. Sin embargo, en un nivel más profundo, ha desplegado una campaña negativa contra su vicepresidenta, Victoria Villarruel, a quien responsabiliza por haber permitido el tratamiento del asunto.
La determinación de la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, de convocar a una sesión en el Senado para debatir el mega DNU, generó un aumento significativo en la tensión con el presidente Javier Milei. Desde el peronismo, se dejó entrever la posibilidad de rechazarlo, lo que elevó aún más la confrontación.
El presidente no solo solicitó la difusión de un comunicado para manifestar su rechazo a la iniciativa (incluyendo amenazas a los senadores), sino que también dio luz verde para que sus seguidores en las redes sociales critiquen a la vicepresidenta.
En otro rapto de furia, el Jefe de Estado volvió a derrapar y le dio like a un posteo en Twitter X de «TDM«, uno de los seguidores más conocidos de Milei, el que se amenazaba a Villarruel con “colgarla de la plaza” por haber abierto la discusión de la normativa. Incluso la tildó como “perversa” a su compañera de fórmula.

Siguiendo la misma línea, «Usdtermo«, una cuenta en redes sociales vinculada al diputado provincial Agustín Romo, aunque él lo niega, afirmó: «Bueno, está la firma de Villarruel para tratar el DNU mañana en el senado. Se mandó sola, eso quiere decir que tiene los votos para aprobarlo… no? Los votantes de Milei esperamos que si».
«Espero que Villarruel tenga los votos para convalidar el DNU, porque si llamó a sesión sin tenerlos… mamita», comentó «El Trumpista», una cuenta «amiga» de Juan Doe y otros usuarios de X (ex Twitter) que están vinculados al Gobierno.
Bueno, está la firma de Villarruel para tratar el DNU mañana en el senado. Se mandó sola, eso quiere decir que tiene los votos para aprobarlo… no?
Los votantes de Milei esperamos que si. pic.twitter.com/cT5OEvIMQb
— termo (@usdtermo) March 13, 2024
Sin embargo, el malestar entre los sectores de ultraderecha no se limitó únicamente a las plataformas de redes sociales. En la tarde de este miércoles, la Oficina del Presidente emitió un comunicado en el que, sin mencionar explícitamente a la vicepresidenta, principalmente buscó ejercer presión sobre los senadores nacionales. El comunicado enfatizó que «Tanto tratamiento apresurado del DNU 70/23 como la iniciativa de promover una fórmula jubilatoria sin consenso violentan el espíritu de acuerdo promovido por el Presidente en su convocatoria al Pacto de Mayo».
— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) March 13, 2024
Se ha filtrado información indicando que solicitó un aplazamiento de dos semanas para el tratamiento del DNU, pero tras la emisión del comunicado, no logró obtener el apoyo de los líderes de los bloques en el Senado. En el círculo cercano a la vicepresidenta, son francos al afirmar que el respaldo de 39 legisladores que Villarruel había asegurado «ya no existe».
Villarruel expresó sorpresa ante el contenido del comunicado y manifestó su descontento tanto con «el tono» como con el contenido del mismo. Desde el equipo de la vicepresidenta, sugirieron que «no entrarán en polémicas».
Lo que destacaron enfáticamente es que, sin el esfuerzo de la titular del Senado, el tratamiento de la extensa normativa que impacta en todos los aspectos de la vida económica, política y social de los argentinos, se habría llevado a cabo inmediatamente, sin esperar la aprobación de la Comisión Bicameral.
En otro pasaje, el Gobierno insinúa que este jueves, en el Senado, la balanza podría inclinarse hacia el resultado menos deseado. «Esperamos que el Poder Legislativo no se deje cautivar por el canto de sirena de quienes pretenden ‘anotarse’ victorias de corto plazo en detrimento del futuro de los 45 millones de argentinos».
La relación entre Milei y Villarruel ya había mostrado algunos signos de tensión previamente, que no pasaron desapercibidos pero parecían mantener una calma tensa, al menos hasta hoy.
Uno de los primeros episodios en los que la vicepresidenta quedó expuesta a la marginación de los centros de decisión en su gobierno ocurrió cuando el presidente designó a Patricia Bullrich al frente del Ministerio de Seguridad y luego a Luis Petri en Defensa, dos posiciones que ella había reclamado para su círculo cercano y que Milei públicamente había prometido en varias ocasiones.
Al menos hasta el balotaje, Villarruel tenía prácticamente asegurado el control de ambas carteras, donde tenía previsto nombrar funcionarios de su círculo íntimo: se mencionaba a Guillermo Montenegro, hijo de militares y diputado electo, para uno, y al coronel retirado del Ejército Jorge Eduardo Lenard Vives, exresponsable de investigaciones de la Aduana durante la gestión de Gómez Centurión, para el otro. Desde el círculo más cercano a Milei, además, la acusaron de intentar avanzar hacia otras áreas como la AFI, e incluso dijeron que había presentado su candidato al embajador de Estados Unidos para ese cargo.
Este fue el primer quiebre en la relación, pero no el único. En los primeros meses de gestión, la vicepresidenta visitó y se reunió con varios gobernadores, incluidos Maximiliano Pullaro, Gustavo Sáenz, Gustavo Valdés, Hugo Passalacqua, Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Carlos Sadir. Estos encuentros no pasaron desapercibidos porque se dieron en el momento de mayor tensión con el Gobierno nacional, cuando Milei había anunciado la ruptura de relaciones con los gobernadores provinciales.
Otra indicación de que Villarruel estaba (y está) trazando su propio camino fueron los rumores sobre sus reuniones «secretas» con el expresidente Mauricio Macri, supuestamente con el objetivo de desplazar a Milei del poder. En ese momento, la vicepresidenta no se molestó en negar los rumores y simplemente declaró: «Mi objetivo es cumplir con mi mandato como vicepresidenta hasta el 10 de diciembre de 2027«, mientras aumentaban los rumores sobre sus aspiraciones presidenciales anticipadas.
Sin embargo, la desconfianza del presidente, y de su hermana Karina, viene desde antes del balotaje, cuando Villarruel creó su propio logotipo, organizó un evento en el que fue aclamada y se distanció repetidamente. «¿Cómo no voy a confiar en mi candidato a presidente, si en dos años ha cambiado los términos del debate político en Argentina?», había dicho la entonces candidata, exultante, en respuesta a un periodista de televisión que le preguntaba sobre sus diferencias con la estrategia comunicativa de Milei.
La estrategia discursiva de Villarruel consiste en decir siempre lo que quiere, independientemente de lo que se le pregunte. Calcula meticulosamente sus intervenciones públicas y las palabras que utiliza, mientras sonríe impasible.
