Crecen las reuniones y declaraciones que cuestionan el rumbo del país dentro del radicalismo que aún debe definir su política de alianza. Peligra Cambiemos.
Cada vez crece más el descontento entre las filas del radicalismo. El desplome de la economía, la volatilidad cambiaria y un dolar sin control tensan la alianza gobernante, fundamentalmente cuando la UCR no tiene el timón, pero debe pagar los costos de las decisiones del PRO.
La irrupción en el escenario electoral de Roberto Lavagna (ex funcionario de Alfonsín y candidato de la UCR en 2007) genera expectativas en un sector descontento y tensiones la interna en la antesala de la Convención que todavía no tiene fecha y es la encargada de establecer la política de alianzas.
El histórico dirigente bonaerense Federico Storani sostuvo días atrás que «no sería una locura que se rompa Cambiemos» y mandó apoyos al exministro de Néstor Kirchner.
La UCR porteña emitió la semana pasada un duro comunicado solicitando cambios en el rumbo económico. El partido centenario de la Ciudad responde al viejo operador Enrique Nosiglia. Los boina blancas porteños se ilusionan con una candidatura de Martín Lousteau, pero ni el propio diputado se decide.
Sin embargo, no dejó de llamar la atención la reunión que el exministro alfonsinista tuvo con el hoy titular de la UCR Alfredo Cornejo. Cornejo deja entrever su enojo con la Casa Rosada porque su candidato en Mendoza tendrá PASO contra un hombre del PRO.
En la Convención, lo importante será el poroteo, y las manos a la hora de la votación. Por ahora cuesta imaginar una ruptura y hay distritos como Buenos Aires y Jujuy alineados con la Casa Rosada. Ayer, el vicegobernador Daniel Salvador, emitió un comunicado en apoyo de la alianza gobernante. De hecho, en el radicalismo bonaerense se jactan del funcionamiento que la alianza tiene en el distrito más importante del país.
La Convención que tiene hasta junio para reunirse, será el lugar de muchos boinas blancas hagan catarsis y será una caja de resonancia para las críticas a la gestión de Gobierno. ¿Se doblará o se romperá?
