En la UNSAM, científicos trabajan para desarrollar una vacuna argentina

14 enero, 2021

Científicos del Conicet trabajan en la Universidad Nacional de San Martín para desarrollar una vacuna argentina. La misma se encuentra la fase preclínica.

Existe una solo solución a la pesadilla que desató el coronavirus: las vacunas. En la actualidad, hay 169  que aún siguen en carrera y 85 están en la fase preclínica, una de ellas, aunque muy pocos lo sepa, es un prototipo argentino. 

En la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), más precisamente en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas, 12 científicos trabajan para desarrollar una vacuna argentina contra el Covid-19. 

Juliana Cassato es la investigadora principal del Conicet y es quien lidera el grupo de trabajo. En diálogo con medios de comunicación, indicó cuán avanzado está el proyecto: «Nuestro proyecto está en etapa preclínica, de ensayo en animales, casi a punto de terminar esta fase. En estos seis meses demostramos, en el laboratorio, que la fórmula que elegimos, basada en proteínas recombinantes, induce anticuerpos que neutralizan al virus. Ahora estamos hablando con empresas locales que tengan la capacidad de producir este prototipo en condiciones GMP para poder empezar una fase de prueba en humanos»,

La fórmula que están ensayando los científicos argentinos difieren a las vacunas que ya fueron aprobadas por emergencia por distintas entidades regulatorias como Moderna y Pfizer que cuentan con sus tecnologías de ARN mensajero; o la propia Sputnik V que utiliza un vector de adenovirus. En el caso de la vacuna que se desarrolla en territorio argentino, se utilizan proteínas recombinantes que ya dieron como resultado un prototipo viable listo para transferir a otra etapa. 

«Tomamos diferentes partes del virus, como por ejemplo su proteína Spike, para producirlas en laboratorio. Esas proteínas, que son proteínas recombinantes, que nosotros producimos con células en el laboratorio, las purificamos. Logramos que queden recontra puras, de modo que al ingresar al organismo no infecten las células pero sean reconocidas por el sistema inmunológico para generar los anticuerpos necesarios y defenderse del virus real», explicó Cassataro.

Asimismo, completó que «a la fórmula se le agrega algo más para tener una respuesta inmune deseada. Por eso estudiamos diferentes compuestos. Es decir, utilizamos prototipos con distintas formulaciones y mezclas. Hay que probar la dosis del antígeno, la cantidad, la dosis del otro compuesto. Una gran cantidad de combinaciones. Todo eso lo probamos en animales, estudiamos la respuesta inmune y seleccionamos las mejores fórmulas que induzcan los mejores anticuerpos neutralizantes del virus. A eso nos dedicamos en estos seis meses. Producimos, inmunizamos e hicimos un screening: seleccionamos entre muchas posibilidades. Y logramos un muy buen prototipo y otros dos que son más o menos».

CÓMO SIGUE EL PROCESO

«Hacer una vacuna es una frase que suena muy linda, pero no se puede lograr solamente en mi laboratorio. Nosotros solos no vamos a poder concretarla. Lo que sí pudimos, en esta primera etapa, fue poner a punto las técnicas para estudiar su respuesta inmune. Para avanzar hay que transferir el prototipo a una empresa que pueda producirla con una manufactura regulada por ANMAT, lograr que se apruebe y pasar a una fase 1. Ahí seríamos parte de una cadena que lamentablemente, en la Argentina, no está conectada», acotó la investigadora del Conicet.

«En el país tenemos buenos científicos que pueden trabajar bien en un laboratorio. Tenemos también la posibilidad de ensayos clínicos (en humanos) buenísimos. Aquí se hicieron los de Pfizer y están en marcha los de una vacuna china. Además, existen empresas con capacidad de producir, por ejemplo, un principio activo de la vacuna de Oxford. Los eslabones están, pero falta el envión para empezar. Y, por supuesto, como se trata de un proceso largo y muy costoso, se necesita un amplio financiamiento y una decisión política a largo plazo», aseveró.

Por último, concluyó: «Nosotros vamos a tardar seguramente mucho más tiempo del que la sociedad demanda en este momento, pero si estas vacunas que ahora se compraron y se están aplicando en nuestro país requieren refuerzos anuales, en un futuro estaría buenísimo poder hacerlas acá y que estas capacidades existan en la Argentina».

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