Cepo XXL: ¿por qué en Argentina nunca alcanzan los dólares?

18 septiembre, 2020

Este año habrá récord de superávit comercial. Sin embargo las reservas del Banco Central siguen cayendo.

Por Annabella Quiroga, en Diario Clarín

En 2020 hay superávit comercial récord, un acuerdo por la deuda que evita usar dólares en pagar vencimientos públicos y una pandemia que anula el gasto en viajes al exterior. Aún así, los dólares no son suficientes y el Gobierno optó por imponer un cepo recargado que deja muy pocos caminos abiertos para adquirir divisas. ¿Por qué en Argentina nunca alcanzan los dólares?

El presupuesto que se presentó esta semana en el Congreso establece que el saldo comercial favorable de este año será de US$ 17.260 millones. Para las consultoras privadas podría ser incluso más alto y oscilar entre US$ 18.000 millones y US$ 20.000 millones. Se llegará a ese resultado récord más por razones negativas que positivas: por la crisis económica, las importaciones se derrumbarán 22% anual, mientras que las exportaciones perderán en torno a 15%.

Pero no todos esos miles de millones de dólares ingresarán realmente a la economía argentina. En el primer semestre, el INDEC registró un saldo a favor de US$ 8.000 millones y en el mismo período el Central computó US$ 5.250 millones.

Esto ocurre porque la brecha cambiaria, que volvió a crecer con las medidas que endurecieron más el cepo y hoy ronda el 80%, es un incentivo a subdeclarar las exportaciones y sobrestimar las importaciones. Por eso el registro de superávit del INDEC es más alto que el del Banco Central, que refleja efectivamente cuántos dólares entraron.

A los niveles actuales, los exportadores de soja, con las retenciones del 33%, reciben un dólar de $ 53. Y si luego quieren hacerse de billetes deberán ir al contado con liqui o al blue y comprarlo a una cotización que va de $ 132 a $ 145.

«Las distorsiones de precios de la moneda afectan con una mayor intensidad a los principales exportadores. Esto puede motivar postergación de exportaciones o subfacturación de las mismas, maniobras muy comunes en un esquema de tipo de cambio múltiple», señalan Eduardo Fracchia y Martín Calveira, investigadores del Área de Economía del IAE Business School, la escuela de negocios de la Universidad Austral.

En cambio, a los importadores y a quienes tienen que pagar deudas en el exterior, el dólar mayorista a $ 75 les resulta barato ante la expectativa de devaluación, por lo que se apresuran a comprometer operaciones antes de que el precio suba.

Para Jorge Vasconcelos, del IERAL «la brecha cambiaria contamina a la macro y a la micro, y es difícil concebir como sustentable una política económica que se resigne a ese fenómeno».

El telón de fondo es que ni las empresas, ni los ahorristas creen en el peso. Las razones sobran. Solo en los 9 meses que lleva Alberto Fernández como presidente el dólar ahorro pasó de $ 63 a $ 132, con la incorporación del impuesto PAIS primero y luego la retención del 35% a cuenta de Ganancias, más la devaluación en torno al 2,7% que se produce cada mes. En cambio, el rendimiento de los plazos fijos en pesos es del 33% anual.

En lo que va de 2020, pandemia y cuarentena mediante, el poder adquisitivo de los salarios se hundió en torno al 10%. En este contexto el incentivo a dolarizarse no deja de crecer. Quien en lo que va del año compró en el oficial y vendió en el blue acumuló una ganancia de $ 68.000.

Solo en agosto 5 millones de personas usaron el cupo de US$ 200. Así, en un contexto donde no ingresan dólares adicionales ni por deuda nueva ni por inversiones, el Banco Central perdió la mitad de las reservas netas que tenía: en 9 meses pasó de US$ 13.500 millones a US$ 6.500 millones.

Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, plantea que «a pesar del cepo y del superávit comercial, la demanda de dólares superó constantemente a la oferta, llevando al Banco Central a vender US$ 2.700 millones de reservas entre julio y septiembre para evitar una devaluación».

Nada hace pensar que la brecha se achicará. «Con las mayores restricciones, la demanda de dólares paralelos aumentará sensiblemente. Por lo tanto, se agudizará la percepción de que el dólar oficial está barato, alimentando maniobras elusivas en el mercado de cambios oficial», apunta Rajnerman.

«El Gobierno seguirá en el laberinto cambiario y no lo podrá resolver hasta que haya un punto de inflexión en la confianza de los agentes. Es un contexto muy difícil por la enorme recesión -que no es culpa obviamente del Gobierno, sino del impacto global de la pandemia- pero hay margen para estabilizar. Un dólar paralelo que no es otra cosa que el termómetro de la confianza del mercado, que quiere hechos y no relato», sostienen Fracchia y Calveira.

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