Si el que hubiera ganado con estos números hubiese sido Daniel Filmus, los voceros del gobierno nacional habrían hablado de paliza. Pero ganó Mauricio Macri, como se esperaba, aunque lo destacable es que lo hizo por mayor diferencia que en 2007, después del desgaste de cuatro años de gestión.
¿Fueron las agresiones de Cristina Kirchner y sus ministros con Aníbal Fernández a la cabeza, o los ataques de los programas oficiales y paraoficiales, o las afirmaciones autoritarias de Fito Páez y las declaraciones despectivas hacia los votantes de Horacio González los que hicieron más contundente la victoria del jefe de gobierno porteño?
En este resultado hay un poco de todo eso, más la valoración sobre su gestión, que no fue espectacular, pero que resultó aceptable.
La pregunta es: ¿el triunfo de Macri en segunda vuelta marca un cambio real del clima político y el final de la certeza de que Cristina ya ganó? Nadie puede asegurar, con rigor, que los números no sigan favoreciendo, y por mucho, a la Presidenta. Porque ni los resultados de ayer, ni el batacazo de Miguel del Sel, ni la carencia de candidato a gobernador en Córdoba pueden servir para preanunciar una eventual derrota de la jefa de Estado.
Es que los votos para Ella no se encuentran allí, sino en la provincia de Buenos Aires, donde todavía el gobernador Daniel Scioli aparece como el mayor reaseguro para la victoria. No debe ser cómodo para una mujer tan autosuficiente, pero es la verdad.
La Presidenta debe cuidar, de acá a octubre, a uno de los hombres que más humilló desde 2003. El "motonauta" debe estar disfrutando, ahora mismo, del triunfo del dirigente del fútbol que no forma parte del sistema político.
