Del borrador que trascendió, Estados Unidos pretende la apertura inmediata del Estrecho de Ormuz y que el país de Medio Oriente no fabrique armas nucleares.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este viernes que se encuentra reunido en la Sala de Situación de la Casa Blanca para “tomar una decisión final” sobre el eventual acuerdo con Irán. El gesto, acompañado de nuevas exigencias públicas, reconfigura el escenario que hasta ayer se describía como un principio de entendimiento tentativo para extender por 60 días la frágil tregua en Medio Oriente.
En su cuenta de Truth Social, Trump detalló que Irán “debe comprometerse a no poseer jamás un arma o bomba nuclear” y que el estrecho de Ormuz “debe abrirse de inmediato, sin peajes y para el tráfico marítimo irrestricto”. Añadió además un punto operativo: la eliminación total de minas acuáticas, tarea que —según dijo— ya habría comenzado con dragaminas estadounidenses.
Otra novedad sensible es el tratamiento del material nuclear iraní, que incluiría su extracción desde instalaciones subterráneas en coordinación con Teherán y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), dirigido por el argentino Rafael Grossi. El esquema implicaría manipular unos 450 kilos de uranio enriquecido.
El borrador inicial, filtrado por Axios, contemplaba descongelamiento de fondos iraníes y alivio progresivo de sanciones. Trump, sin embargo, cerró su mensaje con una definición clave: “No se realizará ningún intercambio monetario hasta nuevo aviso”. La variable económica queda así congelada, mientras se mantienen negociaciones sobre compromisos de menor escala.
El vicepresidente J.D. Vance confirmó que ambas partes “intercambian propuestas sobre redacción”, aunque la Casa Blanca no precisó qué funcionarios participaron en la reunión decisiva ni si Teherán aceptó las nuevas condiciones.
La agencia semioficial Fars rechazó las afirmaciones de Trump y negó la existencia de un acuerdo cerrado, calificándolo como una “victoria falsa”. También desestimó la cláusula sobre extracción del material nuclear y reiteró que “el único criterio es la acción”, en palabras del presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf.
El canciller Abbas Araqchi advirtió que el entendimiento depende de que Washington abandone “exigencias excesivas y posiciones contradictorias”, tras reunirse con su par de Omán.
El estrecho de Ormuz sigue siendo el epicentro estratégico. Trump aseguró que los barcos atrapados por el bloqueo naval podrán retomar su tránsito normal, lo que implicaría una desescalada en el comercio global de energía. Irán, en cambio, plantea que la reapertura incluya vigilancia e inspección de buques, reflejando disputas sobre soberanía operativa.
La negociación avanza en paralelo a ataques cruzados en la zona: bombardeos sobre instalaciones en Bandar Abbas y misiles contra bases estadounidenses. El proceso se desarrolla bajo fuego cruzado.
El endurecimiento ocurre en un contexto de tensión política doméstica. La guerra en el Golfo impactó en la inflación y erosionó la aprobación presidencial, que se ubica en su nivel más bajo desde el inicio del mandato. El acuerdo con Irán aparece así como un expediente de política exterior y, al mismo tiempo, un intento de reordenamiento interno de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
El resultado, si se concreta, implicaría una estabilización parcial de un conflicto que alteró el flujo energético global y devolvió a Medio Oriente al centro de la agenda estratégica. Pero, por ahora, el proceso se parece más a una negociación en tiempo real con múltiples centros de poder que a un acuerdo cerrado.
