Se escucha un run run en los intersticios donde se funde con sus raíces sociales el poder peronista. En las terceras líneas, donde todavía hay muchos dirigentes con hambre y sed de justicia ha comenzado un diálogo que debate la construcción que el peronismo deberá iniciar como respuesta a esta ofensiva del neoliberalismo.
Por Alfredo Mason
Con ese objetivo y como en el cuento de Hans Christian Andersen, alguien tiene que gritar ¡el rey está desnudo! Lo cual se traduce en nuestro caso como el reconocimiento que no hay una conducción unificada en el Peronismo. Un conductor no es una metáfora, o una acción tácita o, peor aun, declamatoria o comunicacional. La conducción ante todo está, su discurso convoca a la acción y la respuesta es su reconocimiento. Por eso, el eje central es la construcción de ese reconocimiento, y como decía Perón, cualquier compañero puede sacar de su mochila el bastón de mariscal tanto a nivel nacional, provincial o territorial. Y en el campo se verán los pingos.
Ese reconocer una conducción es lo que permite generar la unidad en forma genuina, por eso, aquellos que pueden aspirar a conducir el peronismo –cosa difícil si las hay- deberían dar cuenta de la acción que es necesario realizar en función de lo que el gobierno neoliberal está desarrollando en nuestro país. Ellos ganaron y por eso tienen iniciativa.
Es precisamente allí donde nace la necesidad de la organización. Pero también Perón sostenía -y era un especialista en esto- que no existe la organización para todo evento, entonces ¿cuál será el objetivo de ésta, ahora? Sin duda volver a ocupar el Gobierno por vía democrática en 2019, con una mediación intermedia el año próximo en el que deberíamos avanzar en una mayoría legislativa. En esta tarea, si todo se reduce a poseer la terraja que haga la mejor rosca, me animo a adelantar que está garantizada la derrota, más que la electoral, la de 12 años de avance de empoderamiento popular.
Desde una óptica neoliberal el objetivo es despolitizar la realidad. Basta de ideología… no hay más relato… hay un sinceramiento, pero para que esto tenga recepción viene acompañado por una intensa campaña mediática en donde se pretende mostrar que todos los empleados públicos que se despiden, son militantes y por lo tanto ñoquis –esta es una relación clave: «militante=ñoqui»- se va a tratar de desprestigiar y enlodar a Cristina Fernández de Kirchner y a Daniel Scioli y repetir la palabra «corrupción». Aun así, cuando ya no se pueda «parar la olla» a base de tarifazos, devaluaciones, inflación y descontrol del mercado, la respuesta va a ser funcional a ese neoliberalismo, porque va a ser individual y estéril, impotente de transformar la realidad.
De allí la importancia que tiene decir para que nos organizamos y actuar en consecuencia, haciendo partícipe de ello a la mayor cantidad de personas posibles, para ir avanzando institucionalmente en la construcción del poder popular a la manera en que siempre lo hizo el peronismo: por adición, por sumatoria de personas y sectores.
Esta situación se va a ir complejizando, pues no estamos en un tubo al vacío y en medio de ella habrá que decidir cosas tales como que hacer cuando un juez yankee ordena al Congreso de la Nación derogar o aprobar determinadas leyes para pagarle a los fondos buitres, porque esa es la razonabilidad y gobernabilidad que el neoliberalismo pide y la pregunta es ¿es esa la que el pueblo argentino necesita?
Aquí aparece una imagen que el neoliberalismo se ha encargado de fijar: la grieta, no al conflicto, pero este es inevitable cuando hay choque de intereses. Lo que hay que poder distinguir entre quien es el enemigo y el adversario. Con el último siempre se pueden encontrar puntos en común que permitan avanzar, pero con el enemigo (el hostis, como decían los griegos) solo hay hostigamiento, como con el juez Griesa se da una relación él o nosotros. Por eso la alegría de los «globitos» y el «saltimbanqui» es un ocultamiento –y hasta una negación- de que ellos expresan un poder que va en contra nuestro. Es la orquesta de Auschwitz, será con buena música pero estás en el horno.
El Papa nos mandó a hacer lío, y seamos sinceros, en eso los argentinos somos de primera, también hay ganas y parecería que hasta mística. Por eso frente a estos sordos ruidos, quienes quieran oír que oigan, quienes quieran seguir que sigan…
