Por Pablo Sirvén
Perdonen si cada tanto los canso con la misma cantinela. Ocurre que aunque parezca un tema menor no lo es en absoluto. Me refiero a los maltratos personales en las redes sociales (léase insultos). Ya les conté que en marzo llevé a mediación a una periodista que me había revoleado un improperio por Twitter y que debió rectificarse por el mismo medio.
Ayer, nuevamente, un comunicador se descolgó con otro. No importan los nombres de ninguno de los dos. Como me da fiaca estar mandando cartas documento todo el tiempo, a este le avisé por DM (mensaje directo) que el insulto para mí era un límite y que me disponía a denunciarlo en Twitter y bloquearlo. Como el aludido estaba en línea, me salió al cruce de inmediato y sucedieron dos cosas interesantes y muy auspiciosas que quiero compartir: 1) canceló motu proprio y en el acto el tuit infamante y 2) por DM seguimos un largo rato intercambiando opiniones políticas muy filosamente, pero sin ofendernos.
No nos pusimos de acuerdo, claro. Pero eso es lo de menos. Importa discutir con argumentos, buena fe y sin agravios. Los que tenemos cierto nombre estamos obligados a dar el ejemplo en las redes.
