Con la incorporación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea al temario, será necesaria la activación de la comisión de Relaciones Exteriores. En paralelo, la designación de Fernando Iglesias como embajador deberá atravesar el filtro de la comisión de Acuerdos. En ese escenario, la estrategia del oficialismo de postergar la conformación de otros cuerpos y esquivar determinados debates asoma cada vez más difícil de sostener.
Con el Congreso aún atravesado por el receso de verano y una oposición que no logra ordenar una estrategia común, el Gobierno consiguió ganar tiempo y evitar, por ahora, la conformación de bicamerales clave que suelen incomodar a cualquier administración. Esa tregua legislativa, sin embargo, tiene fecha de vencimiento: el anuncio anticipado de sesiones extraordinarias a partir del 2 de febrero reactivará la presión, especialmente en un Senado obligado a conformar dos comisiones unicamerales para avanzar con los proyectos que impulsa la Casa Rosada.
Durante diciembre, la Cámara alta avanzó con la integración de Trabajo y Previsión Social, que quedó bajo la órbita de la jefa oficialista Patricia Bullrich (Capital Federal), y de Presupuesto y Hacienda, presidida nuevamente por el libertario Ezequiel Atauche (Jujuy). Ambas comisiones trabajaron en plenario y firmaron dictamen de la reforma laboral, considerada la principal prioridad del Ejecutivo para la primera mitad de febrero.
En ese mismo esquema, también se ratificaron autoridades en otros espacios sensibles. Los radicales Edith Terenzi —la senadora chubutense mantiene buen vínculo con Ignacio Torres, pasó por Provincias Unidas y hoy no integra el bloque de la UCR— y Flavio Fama (Catamarca) fueron reelectos al frente de Ambiente y Desarrollo Sustentable; y de Minería, Energía y Combustibles, respectivamente.
Mientras tanto, desde el oficialismo dejaron trascender que no apurarán, pese a los reclamos opositores, la puesta en marcha de algunas bicamerales que pueden funcionar incluso durante el receso, como la de Trámite Legislativo, encargada de analizar los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU). La estrategia apunta a utilizar las extraordinarias como un termómetro para medir a los aliados antes de repartir lugares.
Entre los sectores que confrontan con La Libertad Avanza hay un interés particular por una comisión considerada especialmente atractiva: la de inteligencia. Uno de los motivos —poco decorosos— por los que legisladores de ambas Cámaras se disputan un lugar es que se trata del único ámbito del Congreso con manejo de fondos reservados. También, por momentos, por la posibilidad de rozar el mundo del espionaje, un terreno que pocos conocen en profundidad. “Ya nos pasó de jugarle bien a diputados y senadores que, a la primera de cambio, miraron hacia un costado y nos complicaron. No hay apuro ahora”, deslizaron el fin de semana pasado desde un despacho mileísta.
En otro ámbito del oficialismo aportaron una mirada similar: “Hay bloques que disminuyeron la integración, pero siguen siendo fiables. En cambio, hay otros que te hablan en nombre de supuestos votos que, cuando vas a chequear, son menos. Y la situación no es la misma que hace dos años atrás. Primero, el temario de las extraordinarias. Después, se verá. Además, el kirchnerismo está más partido acá y por eso no reclama tanto como en Diputados. Si los cristinistas empiezan a quedarse con los mejores lugares, como hicieron siempre, se les revienta todo”.
A ese escenario se suma ahora un nuevo punto en la convocatoria oficial: el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Unión Europea (UE). Para avanzar con ese tema será necesario activar la comisión de Relaciones Exteriores, que hasta el último recambio fue presidida por el libertario —ya expulsado del espacio— Francisco Paoltroni. El senador formoseño, por estas horas, sigue enfocado en su prolongada campaña provincial.
No obstante, la comisión más sensible de definir no es Relaciones Exteriores sino la de Acuerdos. Ese cuerpo es el encargado de revisar pliegos de jueces, ascensos militares y designaciones diplomáticas, como el caso del recientemente nombrado embajador Fernando Iglesias, quien, al no pertenecer a la carrera diplomática, necesita dictamen y aval del pleno del Senado.
Hasta el 10 de diciembre pasado, la conducción de Acuerdos estuvo en manos de la dialoguista y actual legisladora porteña Guadalupe Tagliaferri, alineada con Horacio Rodríguez Larreta. Su gestión transitó sin sobresaltos, incluso durante la fallida discusión por la Corte Suprema, que se desarrolló con orden y formalidad. Hoy, ese espacio vuelve a generar tensiones dentro del oficialismo, sobre todo entre senadores recién llegados a la Cámara alta, convertidos —según admiten puertas adentro— en insistentes demandantes de “cositas”.
El cuadro general, aunque no explosivo, sí introduce ruido en la convivencia interna y deja en evidencia que las prioridades no son idénticas entre todos los leales a Javier Milei. La oposición, por su parte, aprovecha cada fisura y no deja pasar oportunidad para presionar. En ese contexto, el camino de La Libertad Avanza aparece, por momentos, más despejado de lo que podría suponerse.
