Busca que Nicolás, el menor de la familia, sea el candidato de ese municipio. Utilizando la estrategia del apellido en ambas caras de las boletas pretendería instalarlo en el distrito que lidera Sergio Massa.
La apelación al apellido, impreso por partida doble en la boleta, es la estrategia que evalúa Daniel Scioli para desplegar en Tigre, lugar de Sergio Massa. El gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato presidencial analiza recurrir a su hermano menor, Nicolás, para que compita como candidato a intendente en el distrito fundacional del Frente Renovador.
No es, en lo simbólico, una pelea menor. Allí, el ex corredor de lancha también juega de local, desde su chacra náutica de Villa La Ñata, un enorme búnker que mezcla vida familiar y política. "Mide bien", aseguró un funcionario al tanto de la oferta electoral bajo estudio, en referencia al más chico de la familia Scioli.
Nicolás tiene 39 años, estudió administración de empresas y ocupa la vicepresidencia del Grupo Provincia.
La estrategia ya fue utilizada por el gobernador en 2011 cuando anunció su eventual postulación en Tigre, mientras Massa amagaba con dar batalla por la gobernación. Al final, el ex alcalde se replegó en su territorio, desde donde armó paso a paso su alianza con otros intendentes del conurbano.
De a poco, el sciolismo intenta esmerilarle el bastión a Massa, misión más que difícil si se tienen en cuenta los números: renovó su segundo mandato en Tigre, en 2011, con el 73% y se convirtió en el intendente bonaerense más votado. En 2013, embolsó el 65% cuando encabezó la nómina de diputados nacionales y, desde que asumió su banca en el Congreso, heredó su sillón Julio Zamora.
La ola naranja busca abrirse a la fuerza con resultado incierto, y prevé lanzar en Tigre la mesa promotora Scioli 2015 a fines de julio, donde habrá una butaca para Nicolás. También seguirá operando en tándem Martín Gianella, titular de la oficina local de Anses y hermano de Carlos, subsecretario de Relaciones con la Comunidad y Comunicación de la Jefatura de Gabinete, que conduce Alberto Pérez. Uno de los blancos dilectos es Villa Garrote, un barrio precario que pertenece al partido.
Aunque no hay definiciones, el sciolismo avanza con la intención de echar a rodar postulantes en municipios controlados por el massismo. La idea, argumentan, es generar nombres "de consenso" con otras agrupaciones del Frente para la Victoria, que tallan en el territorio en cuestión.
Así, aparecen en la mesa un puñado de dirigentes. En Almirante Brown, en la crucial tercera sección electoral, está Mariano Cascallares, que fue director nacional de Juventud durante la gestión de Néstor Kirchner, pasó por la Anses y, luego, recaló en la administración sciolista al frente del Instituto de Previsión Social (IPS). De improviso, ante la ruptura de Darío Giustozzi con la Casa Rosada, compitió como concejal en la última elección legislativa.
Otros dirigentes gravitan en la primera sección, una de las más controladas por Massa. En Hurlingham, quiere jugar Juan Zabaleta, secretario administrativo del Senado y mano derecha de Amado Boudou, que, caído en desgracia su jefe, el pragmatismo lo enfila hacia el gobernador. En San Martín, el sciolismo anota a Martín Aparicio, ministro de Desarrollo Social bonaerense, y en San Fernando, está Gustavo Aguilera, presidente del PJ local.
Para San Miguel, Scioli piensa en Carlos "el Chino" Tapia, ex jugador de Boca, miembro del equipo argentino campeón del 86 y panelista de El show del fútbol, emitido por América TV. Es, además, subsecretario de Deporte Social bonaerense.
Más allá de la cruzada por instalar competidores en enclaves dominados por Massa, que suma 23 municipios en la provincia, el mandatario aún no despierta adhesiones públicas de caciques del conurbano ni intendentes influyentes del interior bonaerense. "Esto se arma de arriba hacia abajo", insisten en La Plata. Hasta que no se diriman los candidatos a suceder a Cristina Kirchner, sostienen, no se cristalizará el grueso de las alianzas.
