La escritora feminista detalló el proceso de elaboración de su tesis sobre crueldad y desinformación.
La comunicadora feminista, Sandra Chaher elaboró un informe en los últimos meses llamado «Anatomía de la Crueldad», un análisis detallado del avance del Gobierno nacional sobre diferentes banderas. En Radio Urbana BA, la escritora sostuvo: «Se trata de estigmatizar, deshumanizar y violentar a esos sectores para después ir moviendo las políticas”.
“Un déficit y una virtud feminista, digamos. Las feministas siempre tenemos que probar todo, porque como estamos siempre muy observadas, todo lo tenemos que demostrar. Entonces, para mí acá había como un doble desafío: probar mucho desde el progresismo y desde el feminismo”, señaló Chaher, al explicar el origen del trabajo.
La autora recordó que el año pasado ya habían presentado un primer informe sobre la comunicación política del Gobierno, con un capítulo dedicado a la violencia digital y la crueldad discursiva. “Este año había que profundizar, sobre todo en lo que era la desinformación, porque veíamos las mentiras que volaban como si fuera agua, sin ningún pudor en relación con la mentira”, agregó.
Según Chaher, el estudio identificó cuatro ejes de ataque recurrentes en la narrativa oficial: género, periodismo, kirchnerismo y oposición política. “Se trata de estigmatizar, deshumanizar y violentar a esos sectores para después ir moviendo las políticas”, explicó.
La periodista también vinculó el contexto electoral con la circulación de estos discursos. “El prólogo del informe lo escribí al día siguiente de las elecciones del 26 de octubre, con toda la tristeza encima de los resultados. Creo que mucha gente no apoya esta narrativa, pero no le resulta lo suficientemente relevante como para no votarla. El bolsillo y el miedo pesan más”, sostuvo.
Finalmente, Chaher advirtió sobre los límites de la movilización social frente a estos ataques. Recordó que la marcha universitaria del año pasado tuvo un fuerte impacto inicial pero luego se fue “deshilachando”, y planteó que el aborto aparece como un límite que el Gobierno aún no se anima a tocar. “Van transformando la idiosincrasia, y eso es lo que más me preocupa: cómo nos van cambiando a través de la palabra y los contenidos”, concluyó.
