El ex dictador irakí fue sentenciado a muerte, junto a su hermano y al entonces vicepresidente. Prisión para otros siete acusados. La violencia en Irak puede profundizarse.
El ex dictador de Irak, Saddam Husseim, fue condenado a morir en la horca, junto a su hermanastro y ex jefe de los servicios secreto, Barzan al Tikriti, y por el entonces vicepresidente, Awad Hamad al Bandar. La decisión del Alto Tribunal Penal irakí, se funda en la ejecución de 148 shiítas en 1982. Otros 7 acusados fueron condenados a prisión y uno fue absuelto por falta de pruebas.
Al momento del veredicto, Saddam exclamó: “Larga vida al pueblo y muerte a sus enemigos. Larga vida a la Nación gloriosa y muerte a sus enemigos”. Tras la condena, se esperaban atentados en el centro de Bagdag, debido al rechazo de la rama sunnita. " Este gobierno será responsable de las consecuencias, con las muertes de cientos, miles o hasta cientos de miles, cuya sangre será derramada " dijo Salih Al--Mutlaq, un político Sunnita, al canal de televisión Al-Arabiya. La masacre de los chiítas fue en la ciudad de Dujail, a 60 kilómetros al norte de Bagdad. Las víctimas fueron asesinadas durante los meses posteriores a que el convoy del entonces presidente Hussein recibiera un ataque con varios disparos.
El juicio comenzó el 19 de octubre de 2005 y el 27 de julio de 2006 culminó el proceso, con un total de 39 sesiones y el testimonio de 130 testigos. Antes de la condena uno de los abogados de Saddam, el anterior ministros de Justicia estadounidense Ramsey Clark, fue expulsado de la sala después de darle al Juez un memorandum donde manifestaba que el juicio se había transformado en una parodia. El Juez Principal Raouf Abdul-Rahman lo miró a Clark y le dijo en inglés, " Afuera”. Husseim, de 69 años, se negó a levantarse al momento del veredicto, provocando la reacción de dos administradores de la sala, quienes lo obligaron por la fuerza.
Se espera que el veredicto logre enfurecer a los duros sunnitas, especialmente a la antigua clase dirigente. Los chiítas de mayoría en el país, fueron perseguidos bajo el antiguo líder. Sin embargo, ahora controlan en gran parte el gobierno, y probablemente verán el resultado como una causa de celebración.
ANTES DE LA CONDENA
El primer ministro Nuri Kamal Al-Maliki, líder de uno de los partidos religiosos chiítas que barrieron en las elecciones generales en enero, dijo el sábado 4 de octubre que deseaba la pena de muerte para Hussein. " Esperamos que el veredicto le dé a este hombre lo que él merece por los crímenes que cometió contra los iraquíes". Maliki impulsó a los iraquíes " a permanecer tranquilos y expresar su felicidad de un modo apropiado en esta situación corriente, en un camino que no arriesgue sus vidas."
Ese mismo día, los abogados de Hussein sometieron al tribunal un pedido de aplazamiento, argumentando que algunos procedimientos no habían sido completados. El retraso de la decisión había sido estipulado por la estrategia de la defensa. Con maniobras legales apuntadas a la prolongación de las actas, sugerían la posibilidad de que la guerra tarde o temprano, conduciría a un armisticio para el ex dictador.
Por su parte, el gobierno de Transición en Irak, a cargo del kurdo Yalal Talaban, había ordenado la prohibición de circulación por veinticuatro horas a todos los vehículos y peatones, debido al fallo que se iba a dictaminar. Las restricciones fueron ampliadas a las provincias de Salahuddin y Diyala, bastiones de la insurrección Sunnita árabe, y a Mosul y Kirkuk.
Las autoridades aumentaron la presencia de policía y de militares todas partes de la capital, junto con las reservas, en caso de que surja un malestar civil. Estas fuerzas, están muy atentas debido a los posibles ataques que pueden aparecer después de la ejecución de Saddam Husseim, a cargo de los seguidores de su gobierno.
Otro de los abogados de Saddam, Hussein, Khalil Al—Dulaimi advirtió la semana pasada que si su cliente fuese declarado culpable, "las puertas de infierno se abrirán en Irak, la brecha que divide al país (entre sunnitas y chiítas) se hará más profunda, y muchos más ataúdes serán enviados a América."
A PARTIR DE AHORA
La futura muerte de Saddam Hussein plantea un nuevo panorama en el país. El presidente de los Estados unidos, George W. Bush, aclaró la semana pasada que su ejercito se mantendrá durante un largo tiempo en tierras irakíes. Por otro lado, los atentados no cesan. La violencia constante en Irak, puede recrudecerse como advierte Dulaimi. Los seguidores de Hussein, y Al- Qaeda, podrían tener como blanco más soldados norteamericanos. ¿Podrá la opinión publica estadounidense cambiar el rumbo de las cosas en las elecciones legislativas del próximo martes?
