Por Lic. María José Parra, primera responsable de PP en Morón.
A dos décadas de haber impulsado el primer Presupuesto Participativo (PP) en la Provincia de Buenos Aires, y el segundo a nivel nacional, bajo la gestión de Martín Sabbatella en Morón, nos encontramos en un momento bisagra para evaluar la incidencia real de la participación social en la esfera pública. Aquella experiencia no fue un hecho aislado, sino una respuesta situada frente al supuesto “Fin de la Historia…” (Fukuyama) que pregonaba el pensamiento único del neoliberalismo de los años 90, buscando «suturar» la brecha entre la representación política y las demandas ciudadanas. Inspirados/as por el faro del Foro Social Mundial de Porto Alegre, nos propusimos recuperar la política como herramienta de transformación, anteponiendo la construcción colectiva al individualismo y al escepticismo de la época.
El Presupuesto Participativo logró sintetizar un diálogo inédito entre los saberes técnicos del Estado y las prioridades de las asambleas barriales, demostrando que la ciudadanía tiene intención de intervenir en lo común cuando las instituciones habilitan los canales adecuados. Fue una avanzada pionera que le hizo frente al clima de época que luego se nacionalizaría, donde la democratización y el acceso a derechos dejaron de ser consignas para convertirse en políticas de Estado.
Hoy, ante los evidentes retrocesos en las políticas públicas y las tensiones en la representación, aquellas lecciones de Morón mantienen una vigencia absoluta. Nos invitan a reflexionar sobre lo aprendido para volver a pensar globalmente y actuar localmente, insistiendo en que un mundo en el que quepan muchos mundos es posible si se construye «desde el pie».
A su vez, la experiencia se articuló con un proceso de descentralización que implicó una transformación en la lógica de gestión pública, orientada a reconocer las particularidades territoriales y a construir políticas desde el territorio. En este sentido, la participación no fue concebida como un complemento, sino como un componente constitutivo de la acción estatal.
Si miramos el tiempo presente, encontramos un escenario de retroceso en las políticas públicas, debilitamiento del Estado y erosión de los lazos sociales, donde se reducen o desmantelan dispositivos orientados al bien común. En el plano local, en el gobierno del Intendente Lucas Ghi, esto se expresa en la pérdida de centralidad de la participación, la falta de planificación estratégica y el incumplimiento de iniciativas surgidas del propio PP, lo que vacía de contenido una herramienta que supo ser innovadora y transformadora. Aquellas políticas públicas que daban orgullo en la comunidad local y en los foros internacionales, hoy son un mero recuento testimonial de un precario informe de gestión, sin profundidad ni posicionamiento político en una hora histórica devastadora.
Frente a este contexto, más aún reafirmamos la necesidad de reconstruir lo público y lo común con invención, escucha, convicción y honestidad, recuperando la capacidad de la política para articular demandas sociales y generar respuestas inclusivas. En este sentido, el Presupuesto Participativo no es, bajo ningún concepto, una experiencia agotada, sino una base sobre la cual profundizar procesos de co-construcción entre Estado y sociedad, ampliando su alcance y adaptándolo a los desafíos actuales.
Recrear la participación implica, entonces, volver a poner en el centro a la comunidad, la cercanía y el involucramiento ciudadano en la definición del rumbo colectivo, entendiendo que la mejora de las condiciones de vida depende de la capacidad de organizarnos, deliberar y actuar en común.
