Los vínculos entre el evangelista que organizó un gran acto en la 9 de julio y el jefe de gobierno. El rol de Eugenio Burzaco.
Fuente: La Política Online
Argentina ya está habituada al protagonismo de los evangelistas en la vida política. Ante cada elección, aparecen siempre líderes religiosos que se acercan a los aparatos políticos para ofrecer votaciones masivas de los candidatos a cambio de respaldo económico en efectivo.
Que va a las iglesias, por supuesto. Pero el caso de Luis Palau, es distinto: convencido de que la estrategia de pedir impide una influencia en el poder y en la opinión pública como tiene en otros países, decidió invertir él en política, pero no en cualquier lado. Eligió a Mauricio Macri. Y ganó.
Sí. Creer o reventar, Luis Palau fue aportante de la campaña PRO, a la que llegó a través de algunos fieles como Eugenio Burzaco. Dicen que Palau está convencidísimo de que Macri ganó por el respaldo de su iglesia, y que así se lo hizo saber en la misma noche de la victoria.
Macri, claro, tuvo que atenderlo, le agradeció el respaldo y se comprometió a darle también su apoyo para hacer crecer su obra en la Ciudad.
Y así fue. Hoy nuestra Reina del Plata está tomada por el fenomenal acto del pastor evangélico amigo de George Bush, tan simpático como él, y con las ideas muy claras: con carisma, pueblo y poder, es posible dominar el mundo. Las oficinas céntricas se vaciaron temprano para evitar tener problemas en el regreso, y las principales avenidas están cerradas, pero Buenos Aires será vista en el mundo evangélico en todo su esplendor por las transmisiones en directo que se harán con el fondo del Obelisco, el lugar que Palau obtuvo por primera vez desde que viene al farsouth. Claro, porque ahora está su amigo Macri en el gobierno.
La amistad con Palau, sin embargo, no le alcanzó a Burzaco para tener el espacio que quería en el entorno del Jefe de Gobierno. O tal vez por eso mismo, Macri ahora desconfía del joven evangelista y lo metió en el freezer a los que manda a todos los que no le interesa escuchar más. Que, por lo que se dice, son cada vez más, y en todas las áreas.
Aunque, claro, fue Burzaco también el que lo recibió en la cena organizada por Palau a la que Macri no tuvo más remedio que asistir, no se sabe si por devoción religiosa o por la sencilla devolución de favores políticos, gestos que (devolver favores) el Jefe de Gobierno detesta, pero que parece ya aprendió a realizar. Y, claro, “es la política”. Aleluya. Aleluya. Aleluya.

