Haciendo una evaluación política de los cinco meses de gobierno de Mauricio Macri encontramos un proceso pausado pero continuo de fortalecimiento opositor.
El 24 de marzo se expresaba en la plaza de Mayo el 49% que de alguna manera reafirmaba su posición frente al proyecto neoliberal representado por el Presidente; el 13 de abril en Comodoro Py se suma algo más que en la movilización anterior y explícitamente, el discurso de Cristina Fernández de Kirchner fija a ese proyecto y su conducción como el enemigo. Ese ganar la calle para expresar la disconformidad no es algo propuesto por una dirigencia política sino que expresa un malestar social creciente por el deterioro de la calidad de vida de gran parte de nuestro pueblo. Empujados por esta circunstancia, las cinco centrales obreras deciden reunirse y convocan al acto del 29 de abril. Cualquier análisis cuantitativo muestra como entre el primero y el último de los actos se duplican y más, los movilizados.
El incremento del descontento expresado en el ensanchamiento de la movilización que ya cubre más de aquel 49%, no es fruto de los errores del Gobierno –que los comete, como cualquier otro- sino de la ejecución de aquellas políticas intencionalmente aplicadas, como lo son la devaluación, los tarifazos, el crecimiento de la desocupación, la inflación… el desmantelamiento del estado. Como una primera respuesta institucional a ello se propone un proyecto de ley que frene los despidos por 180 días, poniendo como herramienta la doble indemnización. El Gobierno sostiene que esto es anti-mercado y hace un llamado a la buena voluntad de los empresarios para no reducir los puestos de trabajo durante 90 días. Veamos de qué se trata, porque tontos no somos, y además tenemos memoria, por lo que sabemos que la respuesta de los empresarios será desde el bolsillo y no desde el corazón.
Ellos, que son los que arman las offshore para fugar capitales y evadir impuestos, son los que están despidiendo personal ¿pero si Macri les dice que el semestre que viene va a ser de recuperación? ¿Será porque no le creen? Y además están acumulando dólares y no invirtiendo, por eso la «trampa» de los 90 días sin eliminación de puestos de trabajo. Porque eso permite despedir al trabajador actual, con indemnización simple y tomar «a prueba», proceder a despedir nuevamente a ese trabajador sin indemnización a los tres meses y tomar otro con la misma modalidad, cumpliendo así la no reducción mediante la instrumentación de una medida que precariza el trabajo.
El proyecto de ley que está aprobado por el Senado no pudo ser tratado en sesión especial de Diputados ya que hubo varios arruges –propios y cercanos- y las massitas se convirtieron en panqueques (esto incluye al propio hijo de Moyano). Ello coloca en una mejor situación a Massa en su acuerdo con el PRO, a Moyano lo alivia momentáneamente de tener que convocar a un paro general después del veto, lo que no merma es la conflictividad social. En dos meses habrá nuevamente paritarias y con una inflación que se proyecta en el 40% las discusiones serán arduas, pues en el esquema del Gobierno se plantea un «enfriamiento» de la economía mediante la pérdida del poder adquisitivo y la generación de una masa de desocupados que permita regular las pretensiones salariales por sobredemanda de trabajo. Algunos tendrán que explicar que quieren decir cuando expresan que ¡ojalá le vaya bien a Macri!
Paralelamente a ello, en el peronismo se debate su papel opositor. En el partido Justicialista, si bien las papas se salvaron con la fórmula de unidad Gioja-Scioli, lo cual evitó una intervención, nadie puede pensar que esa es la conducción real. No es menor el hecho que estén representadas todas las provincias, a excepción de Córdoba y también es importante la coincidencia en que algunos dirigentes deberían reincorporarse activamente, tal el caso de Felipe Solá, Alberto Fernández, Juan Schiaretti y la representatividad del kirchnerismo (o sea La Cámpora). En el caso de Sergio Massa, da la impresión que son más entusiastas los que quieren que esté adentro que su propia voluntad de volver al PJ, ya que podría suponerse que ante el fracaso de Macri, él podría ser una alternativa filoperonista independiente.
Todo ello tiene como primera meta, las elecciones parlamentarias de 2017, en la cual el Justicialismo busca no solo ganar, sino hacerlo en la provincia de Buenos Aires, para lo cual se alistan desde Florencio Randazzo, Jorge Domínguez hasta Martín Insaurralde, incluyendo a Daniel Scioli. También el mismo Massa necesita ser candidato, ya que vence su mandato como diputado nacional. Algunos hablan que la propia Cristina Fernández de Kirchner estaría anotándose en las listas, cosa que parece difícil, pero que será una amenaza para todos los anteriores hasta el último minuto. El que gane en estas elecciones en la provincia de Buenos Aires será quien encabece realmente el PJ.
Frente a esta situación se producen una serie de hechos. En primer lugar, el Gobierno busca identificar al Justicialismo con Cristina y si no puede ponerla presa, al menos embarrarla y con ello arrastrar al propio peronismo. Por otra parte, toda crítica a la política gubernamental, a algún funcionario o simplemente la caracterización como «gorila» se le responde que eso genera o profundiza «la grieta». La única grieta real es la que genera este «gobierno de los ricos» mediante el impacto de las medidas que ha ido tomando, y que no les gusten las críticas es comprensible, porque siempre tuvieron un pensamiento autoritario que busca la uniformidad y no el respeto por el disenso (véase como Macri condujo la ciudad de Buenos Aires vetando leyes y promulgando DNU). Finalmente, la reorganización del Justicialismo se podrá dirimir por «causes naturales» siempre y cuando la conflictividad que el Gobierno está generando no acelere los tiempos. Porque si la actual dirigencia piensa que puede realizar su proceso institucional al margen de los avatares cotidianos, se podría volver a escuchar ¡que se vayan todos!
Claro está que no se trata de hacer inviable la gobernabilidad, pero sí de frenar los descalabros que realiza este comando neoliberal que hoy detenta el poder. Macri tiene que gobernar hasta 2019, pero ello no quiere decir que tengamos que dejarlo hacer cualquier cosa.
