La Organización Mundial de la Salud revela que el sexo sin protección representa un peligro real para la integridad sanitaria de la población mundial. La alarma está en nosotros mismos, ya que implica el nivel de conciencia que decimos tener.
Por Mara Fernández Brozzi
Para la mayoría de los problemas existe siempre una solución, pero a veces es uno quien le escapa o no admite esa posible solución.
Si hiciésemos una encuesta callejera es probable con el mayor porcentaje se lo lleven las personas que responden que se cuidan a la hora de tener relaciones sexuales, pero todos sabemos, porque todos somos todos, que siempre hubo alguna que otra vez en la que esa protección fue pasada por alto. Y también se sabe que sólo basta una vez para contraer alguna enfermedad de transmisión sexual.
La omnipotencia, generalmente de la clase media, al creer que “nunca me va a pasar”, pulula por los aires de manera muy presente. No se admite la no protección porque da hasta vergüenza confesarlo.
Evidentemente es distinto el análisis si recorremos diferentes clases sociales. En la clase media y alta es inconciencia, porque tienen a su alcance los medios necesarios como para llevar a cabo relaciones seguras; en las clases más bajas esto no es así, su realidad no les permite el acceso a la información fundamental, ni poseen los medios económicos como para tener relaciones seguras. Por lo tanto debemos pararnos de modo distinto en uno y otro caso.
Cuando se tocan este tipo de problemáticas se dice generalmente que no es bueno sembrar la alarma, pero creo que en este caso es necesario, tal vez de este modo, con datos reales y escalofriantes, se pueda llegar a alcanzar y despertar un verdadero nivel de conciencia en la población.
El informe sobre el estudio mundial sobre salud sexual y reproductiva, publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), sostiene que las relaciones sexuales sin protección y de riesgo son la segunda causa más frecuente de enfermedad y muerte en países en vías de desarrollo y la novena en naciones desarrolladas.
Cada año se producen mundialmente 4.1 millones de nuevas infecciones de VIH (SIDA) y casi 3 millones de personas mueren a causa de esta enfermedad.
En los países subdesarrollados y en vías de desarrollo esta situación se agrava aún más. En muchos países con estas condiciones el SIDA y las enfermedades venéreas se han convertido en epidemias que diezman su población; esto se debe a la falta de ayuda recibida, lo que conlleva escasez de información y ausencia de medios para practicar sexo con seguridad.
No se puede desde la página de un medio gráfico hacer una campaña concientizadora real, no sería tampoco la función, sí podemos hacernos nosotros mismos preguntas para despertarlas en los lectores tal vez., o para hacérnosla entre todos.
Mucha son las cosas que debemos ir cambiando si queremos lograr verdaderos niveles de conciencia en torno a este tema. Uno de ellos es el pensar en la manera en que están concebidas las cosas, en cómo estamos plantados como sociedad respecto de esto. ¿Qué tan atrasados estamos en relación a otros países, a otras sociedades?
La mujer, hoy en día en la Argentina, si bien ha podido romper con ciertos prejuicios que la ataron durante mucho tiempo, sigue, en algunos casos, manteniendo pudores que no hacen más que atentar contra su propia vida. El hecho de la vergüenza que abunda frente a la situación de ir a comprar preservativos por ejemplo, de llevarlos siempre en su cartera, es éste un tabú que aún no se ha podido voltear del todo. Está presente en el imaginario popular que las mujeres que hacen esto serán catalogadas de vida fácil, para ser así tipificadas de manera negativa. Esto es uno de los primeros muros que se deben derribar, si queremos empezar a hablar de los problemas desde una postura adulta y sincera.
No se trata de feminismo barato, sino más bien de ser concientes que la “conciencia” y la salud sexual empiezan por uno mismo, y terminan en uno mismo, el que culmine bien o mal depende de cómo haya comenzado ese camino. Si nos duele la cabeza seguramente encontraremos en nuestra cartera aspirinas para calmar ese dolor o evitarlo en caso de que aparezca, pues bien, de la misma forma debemos tener un preservativo que nos proteja de contraer enfermedades de transmisión sexual.
Es importante recalcar que no sólo podemos contraer SIDA si mantenemos relaciones sexuales sin uso de preservativos, sino también otras tantas enfermedades que día a día aumentan el número de infectados.
ALGUNOS DATOS
Las penetraciones sexuales sin protección, ya sean vaginales o anales, comportan el mayor riesgo de ITS (Infección de Transmisión Sexual).
Las infecciones también se pueden transmitir a través del sexo oral (la boca en contacto con los genitales) y del sexo oral anal.
La sífilis afecta en gran proporción, se han producidos brotes de esta enfermedad en diferentes países del mundo; esto se asocia al incremento del riesgo de infección por VIH, junto con otras enfermedades ulcerosas tratables, como el chancro y la donovanosis.
También existen enfermedades de transmisión sexual víricas como el herpes genital y las verrugas genitales, enfermedades que no son tratables incluso en personas negativas al VIH.
Los Virus hepáticos de la hepatitis A y B, y con menos facilidad C, pueden ser transmitidos sexualmente.
LIBERTAD RESPONSABLE
Se trata de tomar conciencia y de hacer a un lado todo aquello que nos conducirá a causarnos daño, muchas veces irreparable. El sentimiento de omnipotencia que sentencia “a mí nada me va a pasar”, omnipotencia e ignorancia extrema, prejuicios y tabúes pasados de moda y tiempo.
Disfrutar de la sexualidad de manera libre pero responsable es saber qué se hace cuando estamos haciendo, es saber que una simple protección, que en nada cambiará el placer del acto en sí mismo, nos evitará muchas enfermedades en un futuro. Por nosotros y por el otro, por el respeto a uno mismo y por el respeto hacia la persona, ocasional o no, con la que estemos manteniendo una relación.
