Por Juan Manuel Reboredo
Licenciado en Ciencia Política
Concejal de Tigre
Se cumplen 44 años de la guerra por las Islas Malvinas de 1982, pero la usurpación británica data de 1833 a la fecha, y es fundamental abordar la dimensión geoestratégica para tener una perspectiva integral.
Las Malvinas e Islas de Atlántico Sur forman parte de un archipielago de 12.000 kilómetros cuadrados sobre el Mar Argentino, pero el control total británico es de 3 millones de Kilómetros cuadrados en un Oceáno que contiene bienes (recursos) estratégicos. Además este enclave se vuelve fundamental por su conexión bioceánica, como paso comunicante entre el Atlántico y el Pacífico, y un nexo bicontinental entre América y la Antártida.
La estrategia de Gran Bretaña en el Atlantico Sur está asociada a la de los EEUU, por ende al esquema de despliegue político-militar de la OTAN.
Luego de la guerra, en 1985, la potencia de ocupación construyó una fortaleza en Malvinas, incluyendo una base aerea que posibilita el desplazamiento de aviones de gran porte y helicópteros. Se le suma el puerto de aguas profundas Mare Harbour utilizado por la Marina Inglesa para el amarre de buques y submarinos nucleares, además de silos y rampas para el lanzamiento de misiles. En la actualidad se estima la presencia de 2500 y 3000 efectivos militares.
Esta base de la OTAN, en suelo argentino ocupado, controla militarmente un puente a la Antártida, codiciada por las potencias por ser reservorio de minerales y biodiversidad, además almacena en forma de hielo 3/4 partes de agua dulce existente en el planeta. El Estrecho de Magallanes, los Pasajes de Beagle y Drake posibilitan la comunicación interoceánica donde circula gran parte del comercio mundial en un contexto de volatilidad en los pasos comerciales más importantes del mundo (siendo el de Ormuz el caso paradigmático actual); además de los bienes energéticos, minerales y fauna que es explotada y saqueada en el área ocupada.
En la actualidad los EEUU en una posición global de declive se disputan la hegemonía internacional con China y un bloque de potencias emergentes que tiende a impulsar un orden multipolar en términos comerciales, tecnológicos y energéticos. Esta reconfiguración geopolítica por supuesto tiene implicancias directas en la Región y la Argentina.
En este contexto el Gobierno de Javier Milei a decidido alinearse unilateralmente a los EEUU, entregar las rutas y recursos estratégicos a las transnacionales, y expresar un modelo de neocolonización del País impulsado por una serie de reformas en pos de la desregulación económica, la apertura comercial, el desguace estatal y la subordinación política que profundiza nuestra dependencia en un mundo que cruje y donde los Estados tienden a consolidar procesos soberanos y de fortalecimiento de lo nacional.
A 44 años de la guerra y 193 años de ocupación el mejor homenaje que podemos hacerle a nuestros combatientes es trabajar activamente para recuperar un proyecto estratégico como Pueblo soberano en este momento histórico y desde este lugar del mundo.
Desde el peronismo debemos asumir la responsabilidad histórica superando miradas mezquinas y chiquitas que nos impone la lógica liberal de la partidocracia, con sus encuestas y sus buenos modales, para asumir una actitud patriótica y trabajar por un proyecto que consolide políticas de Estado que recuperen el rol soberano de la Argentina y enfrente de manera audaz e inteligente los desafíos del mundo que viene para garantizar el desarrollo soberano, la defensa nacional y la justicia social.
En definitiva, un proyecto político nacional y una hoja de ruta clara es la mejor propuesta para construir la unidad necesaria que se transforme en alternativa de futuro en pos de garantizar la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Patria.
Juan Manuel Reboredo
Licenciado en Ciencia Política
Concejal de Tigre
