¿Por qué el gobierno ve conspiraciones por todos lados? ¿Por qué el disenso es golpismo? ¿Por qué los periodistas somos responsables de las malas noticias? ¿Por qué existe tan poca tolerancia? ¿Por qué siempre el lenguaje belicoso? ¿Por qué todo esto desnuda una fragilidad institucional y política?
Por César Morielli
La relación entre el gobierno nacional, primero con Néstor y ahora con Cristina, y los medios de prensa siempre fue tirante. Los tonos se fueron agravando y pareciera que la única posibilidad de convivencia es la agresión verbal, o la docilidad periodística.
A Moyano le molesta la cobertura que Clarín, y otros medios de prensa, hace del asesinato por encargo del tesorero de la CGT Ariel Beiroz. El día que le llenaron la Plaza de Mayo a la presidenta decidió sentarse en el palco de invitados especiales con un cartel que decía “Clarín Miente”. Fue el puntapié inicial de un grito de guerra del oficialismo. Apuntarle al medio gráfico (de tintes monopólicos, es cierto, pero que esta gestión K ayudó a construir) es apuntarle al resto del periodismo.
El cartelito, casi salido de un taller gráfico por la prolijidad que mostraba, se multiplicó entre la “militancia orgánica” en Bernal. Desde el palco, Cristina Fernández y el Intendente Gutiérrez leían la leyenda en cuestión y sonreían ante la declaración de guerra al nuevo enemigo de turno. “TN Todo Negativo” fue otra de las consignas.
La embestida se suma a las críticas que desde siempre recibieron los medios de prensa durante la gestión K, antes con Néstor y ahora con Cristina. Pasan muchas cosas todo el tiempo, y parece que el matrimonio no comparte los criterios con los jefes de redacción para publicar y analizar la información. Entonces sugieren, en malos términos y unilateralmente, que se diga lo que ellos quieren leer. Todo lo demás suena a atentado o intento golpista. Cómo ocurrió durante el conflicto con el agro. Tan firme es la bajada de línea que incluso los representantes del kirchnerismo a nivel municipal, tan pequeños como nosotros, los medios de prensa zonales, copiaron el discurso y culparon a los medios de todo mal existente.
El dirigente piquetero y ex funcionario Luis D'Elía aprovechó del programa "A dos Voces" del canal Todo Noticias para embestir contra el diario Clarín y los medios vinculados a él. Acusó de monopólico al Grupo, cuestionó la fusión de las empresas de cable Multicanal y Cablevisión. Y aunque los conductores le recordaron que esa fusión fue aprobada de manera legal por el gobierno de Néstor Kirchner, D'Elía sostuvo que "hay que desmonopolizar al grupo Clarín", y agregó: "Este canal siempre poniéndole la pistola en la cabeza a la democracia. Antes usaban la dictadura ustedes para hacer desaparecer gente, hoy la dictadura es mediática". Es peligroso y alarmante que los voceros oficiales, con distintos tonos, se manifiesten de esta manera.
Los cartelitos en cuestión también aparecieron durante el discurso del ex presidente Néstor Kirchner en el Centro de Galizia, en el barrio de Once, durante un encuentro de la FAM con 500 intendentes. Es más, el patagónico se animó a posar para la foto sosteniendo una de las pancartas, que tenían la firma de la Juventud Peronista y la agrupación La Cámpora.
En aquel acto de Plaza de Mayo, la Presidenta había cuestionado la ilustración del caricaturista Hermenegildo Sábat. Opinó que se trataba de un "mensaje cuasimafioso".
Por otro lado, la Presidenta avaló un informe de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA con críticas al periodismo, al advertir que "hay una prohibición decretada desde algún lugar de que comunicar que las cosas nos van mejor o que también pasan cosas buenas, fuera algo que molesta".
Aparentemente, al gobierno nacional se le embarra la ideología y los mecanismos democráticos cuando encuentra adversarios en la disidencia a los que no puede manipular ni domar. Entonces se tomó la decisión de crear un Observatorio de Medios. Que en realidad es un Observatorio contra la Discriminación, y que su puesta a punto tiene como objetivo velar por un lenguaje inclusivo. Entonces, pareciera que se buscan excusas para poder cuestionar al periodismo.
El periodista de Clarín Julio Blanck escribió que “El Gobierno, en su torpe afán de poner bajo control no ya la realidad, que es indomable, sino la difusión de esa realidad, puso en riesgo grave a un organismo que venía cumpliendo una tarea silenciosa y eficaz: el Observatorio de la Discriminación. Esto sucede en un contexto general crispado y en una coyuntura de especial sensibilidad, en la siempre difícil relación entre el Gobierno y la prensa”.
El periodismo, como todo, esta expuesto a análisis y críticas. Hay periodistas y medios buenos y malos, con intereses e ideología, con corrupción y deshonestidad. Con muertos adentro del placard, es cierto. Pero la prensa es una herramienta que tiene el pueblo para controlar al poder, para interpelarlo y criticarlo. La sociedad en general debe juzgarlos. El gobierno no debe ejercer ese control.
“En vista del revuelo que provocó la iniciativa los funcionarios, entre ellos el nuevo jefe del COMFER, Gabriel Mariotto, salieron a asegurar que el Observatorio de Medios (el que ya existe se llama Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión) no sancionará a los periodistas por sus opiniones. El solo hecho que deban aclararlo da la medida de lo grave y descabellado de la iniciativa”, dice Blanck.
“La miopía política lo transformó en una garita policial, de vigilancia mediática, contaminándolo sin remedio como herramienta contra la discriminación”, agrega.
¿Por qué el gobierno ve conspiraciones por todos lados? ¿Por qué el disenso es golpismo? ¿Por qué los periodistas somos responsables de las malas noticias? ¿Por qué existe tan poca tolerancia? ¿Por qué siempre el lenguaje belicoso? ¿Por qué todo esto desnuda una fragilidad institucional y política?
