El presidente del Concejo Deliberante de San Isidro habló sobre la crisis de la línea 707, defendió la reforma del Código Urbano y cruzó a sectores opositores por las críticas al proyecto oficialista.
Jorge Álvarez aseguró que el municipio viene trabajando desde hace dos años junto a la empresa de la línea 707 para intentar evitar el colapso del servicio, afectado por la crisis de Micro Ómnibus General San Martín.
“El reemplazo y la solución está encaminado”, afirmó el titular del Concejo, aunque evitó confirmar qué empresas se harán cargo de los recorridos hasta que se firmen los acuerdos definitivos.
Según explicó, uno de los principales objetivos del municipio fue preservar los puestos de trabajo de choferes y administrativos. “Tratamos de no forzar la caducidad del servicio porque eso significaba acelerar una quiebra donde nadie iba a poder tener una solución”, sostuvo.
En ese sentido, detalló que se trabajó con empresas provinciales que ya operan en el distrito para ampliar recorridos y cubrir gran parte de los ramales históricos de la 707. Además, adelantó que “la semana próxima los nuevos recorridos ya van a estar en funcionamiento”.
Álvarez también reconoció las históricas críticas vecinales al servicio de la 707, mencionando problemas de frecuencia, higiene y estado de las unidades. Sin embargo, destacó el peso simbólico y cultural que la empresa adquirió en San Isidro durante las últimas décadas.
“La gente tenía una mala relación con la 707, mucha gente sí, pero es parte de la idiosincrasia y de la historia de San Isidro”, expresó.
Otro de los ejes de la entrevista giró en torno a la modificación del Código de Ordenamiento Urbano aprobada recientemente en el Concejo Deliberante y cuestionada por sectores opositores y grupos vecinales.
Desde el peronismo y distintos espacios críticos a la gestión local denunciaron que la reforma habilitaría negocios inmobiliarios, torres y una transformación de la identidad urbana de San Isidro.
Álvarez rechazó de plano esas acusaciones y defendió los cambios impulsados por el oficialismo.
“Lo único que se votó para la costa es que no se puedan construir viviendas unifamiliares sobre el río. Nada más. Todo lo demás ya estaba en el código”, afirmó.
Además, explicó que la reforma prohíbe la construcción de viviendas sobre las barrancas y refuerza la protección patrimonial de viviendas anteriores a 1946.
En relación a Villa Adelina y Boulogne, aclaró que no se modificaron las alturas permitidas —que siguen siendo de planta baja y tres pisos—, sino que se flexibilizaron condiciones para facilitar desarrollos en lotes más pequeños y departamentos de menor superficie.
“Estamos democratizando el acceso a la vivienda”, sostuvo Álvarez, quien argumentó que la iniciativa apunta a densificar zonas cercanas al Belgrano Norte que actualmente tienen baja densidad poblacional y un fuerte proceso de vaciamiento industrial.
“Curanderos” y polémica por los discursos opositores
El presidente del Concejo cuestionó con dureza a sectores opositores y asambleístas que rechazan la reforma urbana.
“Nos encontramos con curanderos que dicen cosas que no pasaron”, lanzó.
Y fue más allá al asegurar que detrás de algunas críticas existe un componente discriminatorio: “Algunos no querían decirlo públicamente, pero planteaban ‘nos van a llenar de negros de Villa Ballester’”.
Para Álvarez, el debate sobre el código urbano está atravesado por “mitología urbana” y campañas negativas que, según afirmó, “ya fueron rechazadas por la sociedad” en las urnas.
“El espíritu de la reforma es generar más acceso a la vivienda y desarrollar el oeste de San Isidro sin modificar la identidad del distrito”, concluyó.

