Es la droga de moda en estos años. Si la producción de cocaína sigue en ascenso, “el paco” seguirá ganando terreno, mercado y muertes. Pasta base o residuo de… Es ingenuo pensar que se termine con un negocio millonario, una necesita de la otra…
PACO NO SOLO ES SINONIMO DE POBREZA
Por Mara Fernández Brozzi
EL flagelo de la droga en general, y del Paco, en particular, exige una observación completa del fenómeno, acercarnos a los por qué, los para qué, los cómo, los qué. En los “qué” entra el “paco”, “pasta base”, “bazuco” o “ansia” como lo llaman en Colombia.
Muchos estudios realizados, como el trabajo de campo –encargado por la ONG internacional Transnational Institute a la Asociación Civil Intercambios-, han demostrado esto que se sostiene: que “el Paco” no es la droga de la pobreza por excelencia, sino que también, los que no están en situación de exclusión la consumen. El punto es el nivel de exposición de cada sector social en cuestión. En las Villas de emergencia no hace falta buscar por los rincones más recónditos para saber dónde funcionan los “fumaderos” (Denominación del lugar donde se juntan a fumar. En Colombia reciben el nombre de “Ollas”, llegando a convertirse, en un momento, en el más grande del mundo, una manzana de gente fumando), están a la vista de todos, nadie se oculta, nada se oculta.
En los sectores de la clase media, en cambio, esta postal cambia radicalmente. El momento y el lugar escogidos se encuentran amparados en la más absoluta de las privacidades. Hecho que lleva a concluir, errónea y rápidamente, que no se consume paco en los “no pobres”. Y que no se lo vea no quiere decir que no exista.
Ahora bien, muchos otros estudios han revelado que el Paco en sí mismo no mata, lo que mata sí es la situación que rodea ese consumo. Otro dato que hace a la diferencia del consumo tiene que ver con la clase social en la que se encuentre el adicto. No se está diciendo con esto que no es malo, todo lo contrario, lo que sí se afirma es que “no es el paco el que mata en dos o tres meses”, lo que mata en ese lapso de tiempo es un contexto particular de consumo: extrema pobreza, cero cuidado, consumo compulsivo, etc. Los mata el “paco”, como lo hace el hambre, el frío, la exclusión, la indiferencia.
¿ QUE PRODUCE EL PACO ?
El daño cerebral y físico es alarmante. El modo de consumo es rápido, con efecto instantáneo, dos aspiradas o dos soplidos y así llega directamente al cerebro.
Se dice que esta sustancia posee un poder similar de adicción que la heroína, y un nivel de dependencia similar también. Muchos testimonios de personas consumidoras regulares de paco, han sostenido que no encuentran placer alguno al injerir esta droga, por el contrario lo que sienten es lo más alejado a la satisfacción. Se sienten realmente mal ni bien lo fuman, o lo aspiran, existen diferentes modos de llevarlo al cuerpo (como cigarrillo mezclado con tabaco, en pipas, en una lata con la pasta dentro, aspirándolo), pero lo cierto es que lo necesitan, a pesar del dolor generalizado que les ocasiona. Genera una pérdida de voluntad, llegando a la instancia de no querer levantarse, luego de haberlo consumido.
EL PACO NO DISCRIMINA
Tal vez sea conveniente aclarar que no son sólo los chicos en “situación de calle”, los que consumen esta forma de muerte como si estuviesen consumiendo un sándwich de jamón y queso, adictos al “paco” como una vía de escape que justifica delitos. No son sólo ellos los amantes de esta sustancia, no nueva, ya que se desprende de la cocaína, no les cabe sólo a ellos el dedo que señala y la mirada más juzgadora que contemplativa. Son también los chicos y adultos de la clase media los que consumen ésta forma de muerte lenta, rápida según el nivel de adicción y la compulsividad del consumo.
No pretende ser esto una apología del Paco. No lo es. Simplemente pretende ser una mirada más abarcativa de una realidad cada vez más alarmante, pero de una realidad que nos involucra a todos, como partes. Si pretendiésemos dirigir la observación del consumo de esta droga hacia las clases más pobres, estaríamos haciendo una grave omisión de este flagelo, ya que la clase media no se queda fuera de esto, y merece también ser objeto de campañas de prevención y/o asistencia.
Que la hipocresía no nos lleve a descuidar la forma de atacar el problema, que los análisis simplistas y direccionados no nos lleven a apuntar, una vez más, sólo a un sector, por ser el más visible, dando la espalda a otra punta importante del problema.
UNA SOCIEDAD QUE MIRA PARA OTRO LADO
El “Paco” está instalado en la sociedad, porque existe un mercado que permite su instalación, porque se vio en él un negocio que mueve mucho dinero corriente. El valor es de $1 la dosis, hecho que lleva a la “masividad”, a la posibilidad real del acceso. Por esto es que se la denomina la droga de los pobres, por la facilidad económica a la hora de poseerla.
Como ocurre con otros productos, y en situaciones completamente diferentes, lo bueno se exporta y lo que queda se vende dentro. Esta es la realidad del paco, residuo de la cocaína. Para que haya residuo tiene que haber una parte que no lo es. Pues bien, esa parte que no es residuo, es la cocaína en su forma más rentable, esa forma más rentable va dirigida para aquellos que puedan pagar por ella, y los que no pueden consumen lo que queda de ella.
En ambos casos no es bueno, la diferencia está en la “calidad de muerte” de cada sector, como lo está en la “calidad de vida” también.
Alarmarse sólo por la explosión del paco en la sociedad es descoser su procedencia originaria. No cayó del cielo de manera mágica, si existe es porque existe una gran proliferación de productores de cocaína que permiten que éste residuo tenga una faceta redituable. Y muy redituable, ya que su valor permite que quienes nada tienen puedan tener algo, aunque ese algo los lleve, de una manera u otra a la muerte.
La muerte sigue siendo un excelente negocio para quienes ven en “las vidas” un medio para seguir y seguir facturando. Siempre habrá otras vidas que elijan esa forma de morir, entre tantas otras.
