El exfuncionario falleció tras luchar contra la ELA. Vivió sus últimos años en Madrid.
La dolencia avanzó de manera progresiva y afectó su movilidad y su voz, aunque no detuvo su actividad intelectual. En el último tiempo concedió entrevistas en las que habló abiertamente sobre el impacto físico y emocional de la enfermedad.
Dos meses antes de su muerte, compartió un testimonio crudo en la revista Seúl, en una columna titulada “Tener ELA es una mierda”, donde escribió: “El Darío de antes de la enfermedad ya murió”. Allí describió con dureza el deterioro que atravesó: “Caminás pésimo, la voz se te vuelve de borracho y comés con el riesgo de que se te caiga la baba”.
