Por Mabel Pappano Abraham (Frente Vocación Nacionalista).
Una suma matemática, impecable dicen, sin margen para la sospecha del fraude.
Pero de esa ecuación exacta ha brotado una alquimia imposible: el estafador convertido en profeta, el vendedor de humo transfigurado en santo de mercado.
Así nace el Pacto Sagrado, una elección rebautizada en la lengua del delirio, donde Milei juega a ser Moisés, levantando sus tablas imaginarias frente a un pueblo confundido por el hambre y sed de justicia.
Convoca a sus fieles, con palabras que no entiende,
repite consignas dictadas por su oráculo extranjero,
mientras las iglesias evangelistas, testigos, pentecostales se inclinan, obedientes,
ante la inteligencia sionista, que dicta el libreto desde lejos.
El Trumposo bendijo al perro, y el perro ladra su evangelio de miseria.
Pero el alma del pueblo, reconoce el tono del falso profeta.
Su discurso no eleva: manipula.
Su misticismo no ilumina: enceguece.
Y entre sus manos, el pueblo hambriento y confundido
se convierte en un rebaño que busca consuelo en la voz del castigo.
«El hambre es un Dios cruel»
Devora la razón, seca la voluntad,
empuja a las almas a elegir al verdugo, creyendo ver un salvador.
Y así votan los lúcidos y los heridos, los sabios y los quebrados,
en esta democracia, que confunde libertad con ruina,
hasta producir un fraude mayor: el fraude intelectual.
Mientras tanto, el perro del Trumposo continúa leyendo discursos, escritos, ensayando el gesto de un presidente, que no habita su propio cuerpo.
Los trabajadores argentinos, independientes en pensamiento y dignidad, declaramos persona no grata a Donald Trump,
por su injerencia, por su sombra alargada sobre nuestra tierra.
Y dejamos constancia, con la serenidad de quien no calla, que un país no se gobierna desde el hambre ni desde la obediencia, sino, desde el alma despierta de su pueblo.
