El Presidente cerró el Encuentro de Líderes con un mensaje dirigido al establishment. Reivindicó el ajuste, cargó contra Mauricio Macri y cuestionó los análisis de economistas y consultoras. Defendió el superávit fiscal como la pieza central de su programa y volvió a sostener que la estabilidad depende de la disciplina del Estado.
El Encuentro de Líderes convocó a referentes empresariales en el predio de La Rural y Javier Milei aprovechó la ocasión para reforzar su alianza con el sector privado, en un clima de expectativa por la continuidad del programa económico. El mandatario se presentó con Karina Milei y con parte del equipo económico, entre ellos el vicepresidente del Banco Central, Luis Caputo y Diego Santilli.
El discurso ocupó el tramo central de la jornada. Milei repasó los desafíos del primer año de gestión y dio una lectura política del último resultado electoral. Sostuvo: “Si hubieran sido elecciones presidenciales, ganábamos en primera vuelta”. Expuso su interpretación sobre el dólar, la inflación, la política fiscal y la dinámica cambiaria.
Uno de los puntos más tensos surgió cuando apuntó contra la administración de Mauricio Macri. Afirmó que “nunca se hizo el ajuste fiscal” en aquel período y recordó que la gestión se sostuvo con “endeudamiento por 60.000 millones de dólares netos”. Contrastó ese escenario con su política de equilibrio y afirmó: “Nosotros cancelamos deuda”.
Milei también cuestionó proyecciones y diagnósticos del mercado. Acusó a economistas y consultoras de “calcular promedios según donde les conviene que quede el tipo de cambio”. Reforzó su argumento con otra crítica: muchos analistas, dijo, “quieren licuar con el hambre de los argentinos sus errores de pronósticos”. Aseguró que la volatilidad del dólar expresa problemas estructurales: “En épocas de populismo descontrolado, el dólar se dispara; cuando hay un gobierno ordenado, se aprecia”, sostuvo.
El Presidente insistió en que su tarea consiste en resolver problemas. Señaló: “Si no resuelvo los problemas, sería lógico que no me renueven el contrato”. Definió su posición con otra frase: “No estoy acá para hacer onanismo de análisis económicos”. Respaldó la experiencia técnica del ministro Caputo y lanzó una ironía sobre consultoras: “Los consultores son como el oráculo de Delfos: dan consejos, pero no toman decisiones”.
El eje fiscal dominó el tramo final de la exposición. Milei reiteró su crítica a la gestión macrista por la falta de ajuste y señaló: “Nunca se hizo el ajuste fiscal. Se tomaron 60 mil millones de dólares netos. Nosotros ordenamos el Tesoro en un mes después de 123 años”. Defendió su programa con otra definición que marcó el tono del encuentro: “Abandonarlo es abandonar la raíz de todas las crisis argentinas”.
En otro pasaje, el mandatario objetó los modelos económicos tradicionales. Cuestionó la falta de variables institucionales y tecnológicas en los análisis del tipo de cambio real. Dijo: “Sólo los socialistas creen que pueden acceder a ese nivel de información. Esa fatal arrogancia costó millones de vidas”. Atribuyó décadas de retrocesos al intervencionismo estatal y describió la herencia recibida como “una breve temporada en el infierno”. Agregó una imagen más cruda: “Estábamos en la silla eléctrica y había gente tocando los botones”.
Milei defendió la reducción del gasto público, que ubicó en el 30%, y afirmó que esa poda permite “convivir con un tipo de cambio real más bajo”. Reiteró su política de “emisión cero” y sostuvo que la mejora del riesgo país respondió a cambios internos, no a estímulos externos. Señaló que el indicador se mantuvo alto por el “riesgo kuka” hasta que comenzaron las reformas.
También reivindicó el concepto de expectativas racionales. Planteó que los modelos económicos fallan cuando los agentes se comportan con desconfianza. Según su diagnóstico, décadas de malas experiencias condicionan decisiones y frenan la recuperación.
Antes del cierre, recordó su promesa de avanzar con la “motosierra” y subrayó que alcanzó el equilibrio fiscal con una representación legislativa limitada. Aseguró que la oposición impulsó 40 leyes “para romper el equilibrio macroeconómico”, aunque evitó detallarlas.
El mensaje dejó una señal clara al establishment: el Gobierno no modificará el rumbo y sostendrá el ajuste como fundamento exclusivo de la estabilidad futura.
